Jujeños hicieron cumbre en el volcán más alto del mundo y avanzan en el proyecto de las 10 montañas más altas de América
Tres montañistas jujeños alcanzaron la cumbre del Ojos del Salado, el volcán más alto del mundo, en una expedición realizada en la zona limítrofe entre Argentina y Chile, tras varios meses de planificación y adaptación a la altura. La travesía fue autogestionada, sin guía, y demandó más de 13 horas de esfuerzo continuo entre ascenso y descenso en condiciones extremas.
La expedición fue realizada el 17 de febrero por los montañistas jujeños Eduardo López Jordan, Nicolás González y Matías Luján, quienes ya cuentan con experiencia previa en alta montaña. El ascenso forma parte de un proyecto mayor: completar las 10 montañas más altas de América.
Trabajo en equipo y planificación
La expedición comenzó a organizarse entre cinco y seis meses antes del viaje. El grupo definió logística, cronograma y estrategias de aclimatación, conscientes de que en la alta montaña la preparación es determinante.
El recorrido incluyó la Ruta de los Seismiles en Catamarca y el Paso San Francisco, con campamentos intermedios para adaptar el cuerpo.
Los puntos de aclimatación fueron:
- Campamento Atacama, a 5.300 metros
- Campamento Tejos, a 5.800 metros
Desde allí restaban 1.100 metros hasta la cumbre. Ante el pronóstico de mal clima, el equipo decidió adelantar el ataque final. El ascenso demandó 8 horas y media; el descenso, más de cuatro horas adicionales.
La montaña no se sube solo. Cada decisión se toma en grupo y el ritmo lo marca el equipo. Si uno no está bien, no avanza nadie, dijo el montañista jujeño Eduardo López Jordan a Somos Jujuy.
Tres cumbres entre las más altas de América
Con el ascenso al Ojos del Salado, el equipo jujeño ya suma tres de las montañas más altas del continente:
- Aconcagua, la montaña más alta de América
- Ojos del Salado, el volcán más alto del mundo
- Llullaillaco, una de las cumbres más elevadas y exigentes de la región
El objetivo es continuar avanzando en el listado de las 10 montañas más altas del continente, aunque remarcan que el proyecto no se reduce a acumular cumbres.
La montaña como introspección
En la altura extrema, explicó López Jordan, el cuerpo avanza lento y el silencio domina el paisaje. Esa combinación genera un proceso de introspección profunda.
Son horas caminando casi sin hablar. Aparecen pensamientos que en la vida diaria no siempre tenemos tiempo de procesar. La montaña te obliga a mirarte hacia adentro, reflexionó.
En la cumbre, las emociones se intensifican: alegría, sensibilidad, incluso lágrimas tras el esfuerzo. Después de tanto desgaste físico, uno queda expuesto emocionalmente. La cima es un punto geográfico, pero también un momento interior, admitió el montañista.
Un vínculo histórico con los cerros
Para el grupo, el montañismo en Jujuy tiene raíces profundas. Desde tiempos preincaicos, las comunidades atravesaban quebradas y cerros para el intercambio y la subsistencia.
En nuestra provincia, la montaña es parte de la identidad. No es algo lejano, es parte de nuestra historia, sostuvo.
Por eso, insistió en que el verdadero valor está en el proceso. Muchas veces se cree que el objetivo es llegar a la cima. Pero lo importante es el camino. Si no se disfruta el trayecto, la cumbre pierde sentido. En la montaña y en la vida, lo que transforma es el recorrido, reflexionó Eduardo López Jordan.