Lo que debía ser una fiesta del fútbol mundial entre los campeones de América y Europa terminó en un despacho oficial y una polémica que promete escalar a niveles diplomáticos. Alejandro Domínguez, presidente de la Conmebol, sorprendió a todos este viernes al considerar a la Selección Argentina como bicampeona de la Finalissima, argumentando un "walkover" por parte de la Real Federación Española de Fútbol.
La noticia cayó como una bomba en el predio de Ezeiza y en las calles de Rosario, donde los fanáticos ya se preparaban para ver a la Scaloneta en una nueva definición internacional. Según Domínguez, la falta de acuerdo en el calendario y la posterior decisión de España de no viajar para disputar el encuentro habilitaron la aplicación del reglamento.
Una corona de escritorio que genera debate
"El fútbol se gana en la cancha, pero los compromisos se cumplen. Argentina es bicampeona de la Finalissima porque España no se presentó a jugar", disparó Domínguez en declaraciones que rápidamente se volvieron virales. Con esta resolución, la Albiceleste suma su segunda estrella en esta competencia, tras la recordada victoria ante Italia en 2022 en Wembley.
Los motivos del conflicto
El choque entre la Argentina de Scaloni y la España de Luis de la Fuente venía postergándose debido a la saturación del calendario internacional. Sin embargo, desde Paraguay (sede de Conmebol) aseguran que las fechas estaban ratificadas y que la ausencia europea no tiene justificación deportiva.
Argentina: Defendía el título obtenido en Londres.
España: Clasificada como campeona de la última Eurocopa.
La sanción: Conmebol otorga el trofeo y los puntos correspondientes al ranking FIFA a la Selección Argentina.
¿Qué pasará con el trofeo?
A pesar de la contundencia de Domínguez, desde la UEFA aún no han emitido un comunicado oficial. Lo cierto es que, para la máxima autoridad del fútbol sudamericano, la Scaloneta ya tiene un nuevo trofeo en sus vitrinas sin haber transpirado la camiseta en esta ocasión.
Para el hincha argentino, y especialmente para el público rosarino que sigue de cerca cada paso de sus ídolos, la noticia deja un sabor agridulce: el orgullo de un nuevo título frente a la frustración de no ver a los campeones del mundo competir en el verde césped.