La muerte de Luis Brandoni a los 86 años deja un vacío imposible de llenar en la cultura nacional. Pero más allá de los premios y los éxitos de taquilla, "Beto" dejó pistas claras de cómo quería transitar sus últimos pasos y, sobre todo, de cómo quería ser evocado.
Del barrio pobre al cine nacional
Brandoni nunca olvidó de dónde venía. Recordaba con lucidez aquel primer impulso en el colegio: “Dijeron que los que les interesaba que vayan a donde se ensayaba”. Entre obras breves y la timidez del debut, el joven que vivía en un barrio pobre terminó actuando en el Círculo Militar, un contraste que marcaría su capacidad de atravesar todas las capas sociales de la Argentina a través del arte.
El "final dichoso" y el sueño por el país
Para Brandoni, el futuro no era una incertidumbre aterradora, sino un proyecto personal de paz. “Voy a ver si me armo un final dichoso; cuando diga llegó el momento de dar las hurras”, decía con una honestidad brutal. Pero ese bienestar personal estaba atado, como estuvo toda su vida, a la suerte de su patria.
“Sería lindo terminar la función con un buen momento para el país”, confesó. Para él, su biografía no se podía escribir sin la historia argentina: “Gran parte del por qué de mi vida fue la buena o mala suerte del país, eso me importó siempre”.
Ser un recuerdo
Al ser consultado sobre qué le gustaría que dijeran de él cuando ya no estuviera, Brandoni se refugió en la literatura de Antonio Porchia y su libro Voces. Eligió una frase que hoy resuena como su último testamento: “Se vive con la esperanza de llegar a ser un recuerdo”
Si tuviera que titular su propia existencia, no elegía el nombre de ninguna de sus películas ni de sus cargos políticos. Para él, el título de su obra de vida era simplemente: “El actor argentino”. Hoy, ese actor se retira de escena, cumpliendo el deseo de convertirse en un recuerdo imborrable para su pueblo.