El día que La Mona Jiménez le dio el cachetazo de realidad a Rodrigo y cambió el cuarteto para siempre
Durante los años 90, los medios de Buenos Aires intentaron instalar una guerra que parecía inevitable: el histórico reinado de Carlos "La Mona" Jiménez tambaleaba ante el avance arrollador de un joven de pelo celeste llamado Rodrigo Bueno. Se habló de celos, de traición y de un negocio millonario en disputa. Sin embargo, la verdadera historia oculta detrás de los dos máximos ídolos del tunga-tunga esconde un secreto entrañable que pocos conocen
Del micrófono de madera al "¡Cantá cuarteto, b...!"
A pesar de lo que instalaron los rumores de rivalidad, la relación entre ambos comenzó muchísimo antes de que "El Potro" llenara trece estadios Luna Park. El productor musical "Pichín" Bueno, padre de Rodrigo, era amigo íntimo de La Mona.
"Yo a Rodrigo lo tuve en la falda cuando tenía apenas un mes", reveló el Mandamás con profunda nostalgia. En un día de juntada, al ver al pequeño inquieto, Jiménez le sugirió a un tío carpintero del bebé: "¿Por qué no le hacés un micrófono para que se entretenga?". Ese juguete rústico de madera fue el primer contacto del Potro con su destino.
Años más tarde, un joven Rodrigo intentaba ganarse un lugar en la música experimentando con la música tropical, las baladas y ritmos melódicos, sin lograr despegar del todo. Fue en ese momento de frustración cuando se cruzó a su ídolo de la infancia y La Mona le dio el consejo más crudo y determinante de su carrera: "Escuchame, probaste de todo... ¡Cantá cuarteto, boludo! Cantá cuarteto que te va a ir muy bien". Rodrigo le hizo caso, empezó reversionando temas del propio Jiménez y el resto es historia conocida.
El mito de la servilleta y el pico histórico que cerró las grietas
La admiración de Rodrigo era tan grande que incluso compuso su máximo himno, "Lo mejor del amor", escribiendo la letra en una servilleta de un bar porteño con un único objetivo: quería que la grabara La Mona Jiménez. Aunque el entorno del Mandamás la rechazó en su momento diciendo que "ese tema no iba", Rodrigo la cantó él mismo y despegó hacia el éxito definitivo.
La supuesta rivalidad se sepultó para siempre la noche del 8 de marzo del año 2000, pocos meses antes del trágico accidente del Potro. En un festival solidario en la ciudad de La Plata, los empresarios les armaron un encuentro sorpresa tras bambalinas. Al verse cara a cara frente a los micrófonos, Rodrigo se deshizo en elogios: "El número uno es la Mona Jiménez, es mi ídolo. Es el Charly García o el Carlos Gardel de Córdoba".
Para coronar el momento y sellar la paz ante un país que los quería enfrentar, los dos gigantes se dieron un histórico beso en la boca ante las cámaras. En este Día del Cuarteto, el recuerdo de su conexión demuestra que el género no conoce de competencias, sino de una herencia popular que se lleva en la sangre.