La cultura nacional está de luto, pero el mejor homenaje posible no está en el silencio, sino en el recuerdo del ritual más masivo y electrizante del planeta: el pogo de "Jijiji", una comunión de masas que desafió las leyes de la física y marcó a fuego la identidad popular argentina.
El gancho físico: cuando la devoción popular movió sismógrafos
A lo largo de las últimas décadas, las "misas ricoteras" mutaron de teatros alternativos a mareas humanas inmanejables. El fenómeno alcanzó su pico histórico en conciertos míticos como los de Tandil u Olavarría, congregando a más de 350.000 almas saltando en perfecta sincronía.
Este salto rítmico masivo no fue solo una metáfora poética; generó movimientos telúricos reales. En varias oportunidades, institutos sismológicos de las ciudades anfitrionas registraron oscilaciones en la tierra equivalentes a pequeños sismos de baja intensidad justo en el momento exacto en que estallaba la canción. El suelo temblaba de verdad bajo el peso de una mística inigualable.
La anatomía del ritual: del suspenso a la catarsis colectiva
La estructura de "Jijiji" en vivo funcionaba como un mecanismo de relojería emocional. Todo comenzaba con una tensa calma. Los primeros acordes de guitarra —inmortalizados por Skay Beilinson en la etapa de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, y continuados por Baltasar Comotto o Gaspar Benegas con Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado— operaban como una señal de alerta.
Al instante, el mar de gente abría gigantescos círculos en el césped o el asfalto, ganando espacio físico para lo inevitable. Tras los versos iniciales, la batería marcaba el quiebre y, al grito unísono de “¡No lo soñé!”, se desataba la liberación de energía más masiva del planeta. Cientos de miles de cuerpos chocando e impulsándose hacia arriba, en un torbellino donde las zapatillas perdían el contacto con el suelo y la masa se movía como un único organismo vivo.
Radiografía de un himno inquebrantable
Aspecto Clave Detalle Periodístico El origen del himno Publicado originalmente en 1986 dentro del álbum emblemático Oktubre de Los Redondos. El récord de convocatoria El concierto de Olavarría en 2017 quedó consagrado como el pico histórico del pogo con más de 350.000 asistentes. El significado cultural Una catarsis colectiva basada en la hermandad, donde el pogo es cuidado, respeto y comunión total entre el artista y su gente.
El legado de una voz irrepetible
Aunque el Parkinson —mal que el propio vocalista bautizó irónicamente como "Mr. Parkinson" en un show de Tandil en 2016— lo obligó a bajarse de los escenarios físicos tras 2017, el Indio nunca dejó de crear. Sus últimas apariciones incluyeron proyectos virtuales en formato holográfico y el reciente reconocimiento como Doctor Honoris Causa por la Universidad de Buenos Aires en mayo de 2026.
Hoy, la fiscalía de Ituzaingó constató el cierre de su ciclo terrenal, pero la mística ricotera asegura que el mito recién empieza. "Jijiji" no volverá a sonar con su voz en vivo, pero cada vez que el tema estalle en una radio, en una plaza o en el corazón de un fanático, la tierra volverá a temblar.