A 13 años de un ACV que podría haberle costado la vida, Verónica Perdomo va a ser mamá de gemelos varones. Al aire en Intrusos, la periodista Nancy Duré contó que la modelo y conductora, de 44 años, quedó embarazada por el método de inseminación artificial.
Se trate de un momento muy especial para Perdomo, quien se define a sí misma como “una sobreviviente”. “Le costó muchísimo, hubo médicos que le dijeron que ella no iba a poder quedar embarazada salvo por un vientre subrogado”, explicó la panelista en el ciclo de espectáculos.
La noticia tardó en hacerse pública porque la modelo quería esperar hasta saber que todo estaba bien al cien porciento. “Cuando hizo el tema de inseminación, pidió que le inseminaran un solo embrión”, indicó Duré.
El momento clave se produjo durante una ecografía en la que los médicos le mostraron los corazones de los gemelos, esas imágenes y los latidos le dieron total tranquilidad. “Fue un solo embrión y se dividió y ahora está esperando dos varoncitos”, explicó Nancy.
Verónica Perdomo tiene fecha para principios de mayo, pero posiblemente se programe una cesárea para finales de abril.
“TUVE QUE REEDUCAR MI CUERPO”: VERÓNICA PERDOMO CONTÓ CÓMO SE RECUPERÓ TRAS SUFRIR UN ACV
En 2009, Verónica Perdomo casi se muere al sufrir un ACV mientras volvía de Chile a la Argentina. Fue en una charla con Andy Kusnetzoff, donde la artista contó que estuvo un mes en coma y relató cómo hizo para “reeducar su cuerpo”. Tuvo que volver a aprender todo: desde hablar hasta preparar un mate.
A su vez, Perdomo recordó que durante su internación los médicos no se mostraban optimistas. “Me contaron que cuando estaba en coma mi neurólogo me vio y dijo 'qué pena, tan joven'”, en referencia a la gravedad de su cuadro.
Al despertar y recuperar la consciencia, se fue enterando de a poco, qué le había pasado. Delgada, rapada porque le habían realizado cirugías en el cerebro y con una traqueotomía, pidió un espejo. “Cuando me vi... Los dientes negros, una sonda acá, una trenza en el pelo que me había quedado. Me empecé a cagar de risa. 'Si es esto, lloro o me cago de risa', me dije. Fue tan fuerte que era llorar o reír. Yo era como un chiste de mí”, contó hace un tiempo.
Lentamente pero con una voluntad de fierro, comenzó a aprender todo nuevamente. Sin traqueotomía, intentó hablar de nuevo. “Me ponían aire a presión para que las cuerdas vocales empezaran a vibrar porque estaban reseca. El dolor cuando pasaba el aire... Era como un fuego”. Hasta llegó a pensar en la alternativa de no volver a pronunciarse con tal de no tener el dolor: “Me quedo muda. No es tan terrible: puedo escuchar. Y si de última no hablo, no me jode”.
Una de las primeras frases que dijo fue “te amo”, y se la dirigió a su papá, quien estaba todos los días velando por ella a los pies de la cama donde estaba y que tiempo después falleció. Luego de expresarle su amor, le preguntó qué había pasado. “¿Qué te pasó? Bueno, Vero, yo te voy a decir la verdad, lo que los médicos no te quieren decir porque te vas a poner nerviosa: tuviste un ACV”, le contó él.
Verónica había comenzado a sentirse mal en Chile, donde estaba trabajando. Tenía fiebre y dolor de cabeza pero el médico que la revisó en Santiago le dijo que no era nada. Fue entonces que decidió regresar a la Argentina y fue en el avión que ocurrió el episodio cerebro vascular. “Y tardé un mes en despertarme. Todavía tengo en mi cuerpo la sensación de que me explotó la cabeza”. En rigor, Verónica continuó haciendo su vida por varias horas: llegó a Aeroparque, la recibió su novio de entonces, fueron a su casa. Pero en el asiento de la aeronave “el cerebro se paró, dejó de funcionar”, explica. “Yo caminaba, por ejemplo, hablaba, pero no me acuerdo de nada, no tengo registro...”.
Luego, sintiéndose mal aunque no lo recuerda y esas horas se las fueron reconstruyendo, fue al médico.- “Tenía un derrame en la mitad del cerebro -precisa Verónica-. Ese era el problema. Y era muy grave. En el (hospital) Alemán dijeron que en dos días iba a estar bien porque me dieron rápido la droga. Pero... ¿viste la vida? Una en un millón: esa droga me hacía mal. Al día dos, tenía más presión en el cerebro. El día tres me sacaron el hueso, desde acá (se señala una zona de la cabeza). Al toque me pusieron en coma inducido”. La operación, que buscaba que el cerebro pudiera ganar lugar sin algunos huesos del cráneo, era de alto riesgo. “Tenía el 35% de posibilidades de sobrevivir porque yo tenía mucha presión”.
“Viste cuando en una película la actriz se despierta del coma: 'Ay, hola... ¿qué me pasó?' -dice Verónica, y actúa, reproduciendo la escena-. Bueno, no fue así (risas). ¿Cómo sería en mi caso? Drogadísima. Imaginate: me subí a un avión y en mi cabeza se terminó, nada. Y de repente me conectaba, no entendía nada, me volvía a desconectar. Y verme cómo estaba...”, recordó en este sitio sobre su despertar, que fue el 15 de julio día que celebra como un segundo cumpleaños.
Cosas que parecen instintivas, ella las tuvo que aprender, como comer: “Es muy difícil decirle al cerebro que esta es la comida, y que no tiene que ir a los pulmones. Tuve que aprender a deglutir. Y hasta a tomar mate. Tuve que aprender todo. Pero todo, todo, todo...”. Trece años después, Verónica celebra la vida, y por dos, con la llegada de sus gemelos, que será en mayo.
Fuente: Todo Noticias.