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A 144 años del naufragio: la historia del único argentino que murió en el Titanic

A 114 años de la tragedia, recordamos al joven cordobés que no debía estar en ese barco, el escalofriante mensaje que le envió a una amiga y el hallazgo de su valija a 4.000 metros de profundidad
Somos Jujuy 15-04-2026
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En la madrugada del 15 de abril de 1912, mientras el Titanic se hundía en las gélidas aguas del Atlántico Norte, la vida de un adolescente argentino de 17 años se convertía en leyenda. Edgar Andrew, nacido en la estancia El Durazno, cerca de Río Cuarto, Córdoba, fue la única víctima de nuestro país en el naufragio más famoso de la historia.

Un cambio de planes marcado por el destino

Edgar no debería haber estado a bordo del "buque que ni Dios podría hundir". El joven, que estudiaba en Inglaterra, tenía pasaje para el vapor Oceanic con el fin de viajar a Nueva Jersey para la boda de su hermano. Sin embargo, una huelga de carboneros obligó a la compañía White Star Line a transferir a sus pasajeros al viaje inaugural del Titanic.

Antes de zarpar, Edgar le escribió una carta a su amiga Josefina "Josey" Cowan, expresando su tristeza por no poder verla antes de irse. Sus palabras hoy resultan aterradoras: "Figúrese Josey que me embarco en el vapor más grande del mundo, pero no me encuentro nada orgulloso (...) Desearía que el Titanic estuviera sumergido en el fondo del océano".

 

Un héroe en la cubierta

Según el testimonio de Winnie Trout, una sobreviviente que lo vio en los momentos finales del desastre, Edgar demostró una valentía asombrosa. A pesar de tener su propio chaleco salvavidas, se lo cedió a ella al verla desesperada y sin protección. Poco después, el joven cordobés se arrojó al mar; su cuerpo nunca fue recuperado.

La valija que emergió del abismo

Durante casi nueve décadas, su historia fue un secreto familiar. Sin embargo, en el año 2000, una expedición rescató una valija de cuero a casi 4.000 metros de profundidad. En su interior, el tiempo parecía haberse detenido: se hallaron 51 objetos personales casi intactos, incluyendo cartas, tinteros, zapatos y postales de Río Cuarto.

Este hallazgo permitió reconstruir la identidad del joven que contrastó con la suerte de la otra argentina a bordo, la enfermera Violet Jessop, quien logró sobrevivir. Hoy, las pertenencias de Edgar Andrew y su acto de altruismo se mantienen vivos en la memoria colectiva y en el Museo del Carruaje en Villa General Belgrano.