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Madre vengadora: uno a uno, persiguió y cazó a los asesinos de su hija por todo México

Miriam Rodríguez rastreó desde 2014 a los responsables del secuestro y asesinato de Karen, su hija de 20 años.
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14-12-2020
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Aferrada al revolver que llevaba en su cartera, Miriam Rodríguez corrió entre el gentío matutino que esperaba para cruzar el puente internacional hacia Texas. Cada tanto, frenaba para tomar aliento y mirar la foto de su próximo objetivo: el vendedor de flores.

Lo venía acechando desde hacía un año, no sólo online y en las redes sociales, sino que también había interrogado a los delincuentes con los que tenía tratos. Hasta se había hecho amiga de algunos de sus familiares, que nunca sospecharon que lo que Miriam quería era saber el paradero del joven. Pero ahora finalmente tenía una pista: una viuda la había llamado para decirle que el hombre vendía flores en el paso fronterizo.

Miriam Rodríguez estaba rastreando desde 2014 a los responsables del secuestro y asesinato de Karen, su hija de 20 años. La mitad ya estaban en la cárcel, no porque las autoridades hubieran hecho su trabajo, sino porque ella los persiguió por su cuenta, con meticulosa obsesión.

Para conseguir nombres y direcciones, se cortó el pelo, se lo tiñó, se hizo pasar por encuestadora, trabajadora de salud y funcionaria electoral. Inventó excusas para acercarse a abuelas y primos que sin saber le iban revelando algún detalle. Ella anotaba todo, y así fue armando su propia investigación, que le permitió cazarlos uno por uno.

Llegó a conocer las costumbres de esos hombres, quiénes eran sus amigos, sus ciudades de origen, cómo había sido su niñez. Sabía que antes de unirse al cártel de los Zetas e involucrarse en el secuestro de su hija, el muchacho había vendido flores en la calle. Y ahora que estaba huyendo, había vuelto al oficio que conocía, y se ganaba la vida vendiendo rosas en la frontera.

Le acababan de pasar el dato, así que esa mañana salió sin ducharse. Se puso el impermeable encima del piyama, se calzó una gorra de béisbol sobre la melena pelirroja, metió el revolver en la cartera, y encaró para el paso fronterizo entre México y Estados Unidos. Ya en el puente, observó los carritos de los vendedores de flores, pero justo ese día el joven estaba vendiendo anteojos de sol. Cuando finalmente lo detectó, su excitación fue tal que el joven la reconoció y salió corriendo por el carril peatonal, con la esperanza de escapar. Con sus 56 años de edad, Miriam lo persiguió, lo agarró de la camisa, lo arrinconó contra un vallado, y le hizo sentir el caño del revolver en la espalda.

"Si te movés, disparo", y así lo retuvo casi una hora, hasta que la policía llegó a detenerlo.

En tres años, Miriam Rodríguez capturó a casi todos los responsables del secuestro extorsivo de su hija, una galería de delincuentes que mientras tanto intentaban rehacer sus vidas con las más diversas ocupaciones: uno había "renacido" como cristiano, otra era taxista, otro se dedicaba a la venta de coches, y una cómplice se había convertido en niñera.

En total, tuvo participación activa en la captura de diez personas, una cacería en búsqueda de justicia que la hizo famosa y vulnerable al mismo tiempo. Nadie se atreve a desafiar al crimen organizado, y menos aún a encarcelar a sus integrantes.

En 10 mayo de 2017, Día de la Madre en México, y pocas semanas después de haber encontrado a uno de sus últimos objetivos, a Miriam la mataron a tiros frente a su casa. Su esposo estaba mirando la televisión, y al salir la encontró boca abajo en la calle, con la mano en la cartera, aferrada al revolver.

Para muchos habitantes de la ciudad norteña de San Fernando, México, la historia de Miriam refleja lo mal que está México y la encomiable actitud de quienes perseveran a pesar de la indiferencia de las autoridades. El país está tan desgarrado por la violencia y la impunidad, que una madre doliente tuvo que resolver sola la desaparición de su hija, y murió violentamente a causa de su búsqueda de justicia.

Su sorprendente campaña cambió la vida de San Fernando, al menos por un tiempo. La gente se conmovió por la búsqueda de Miriam y se indignó por su muerte. El municipio colocó una placa de bronce en su honor en la plaza principal. Su hijo Luis se hizo cargo del grupo fundado por su madre, un colectivo integrado por las numerosas familias locales cuyos seres queridos han desaparecido. Las autoridades prometieron capturar a sus asesinos.

Marcada por una década de violencia, una guerra brutal entre las facciones del cártel, la matanza de 72 migrantes y el asesinato de Miriam Rodríguez, la localidad de San Fernando se tranquilizó durante un tiempo, como absorta en su propia tragedia.

Hasta que en julio de este año se llevaron a Luciano Leal Garza, un joven de 14 años, cuyo caso se convirtió en el secuestro extorsivo de más alto perfil desde la cruzada de Rodríguez para encontrar y luego vengar a su hija.

Luis, el hijo de 36 años de Miriam Rodríguez, no pudo evitar ver las semejanzas y lloró al escuchar la noticia. Igual que pasó con su hermana Karen, a Luciano lo secuestraron en la camioneta familiar. La familia del adolescente pagó dos rescates, que fue lo mismo que hicieron los Rodríguez en su infructuoso intento por recuperar a Karen con vida.

Fuente: The New York Times.

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