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¿Educación o adoctrinamiento?

La opinión del Padre Germán Maccagno sobre la ley Nacional de Educación Sexual Integral

Hace unos días salió la noticia de que han dado dictamen en las comisiones de Educación y Familia para modificar la ley de educación sexual integral, por lo que podría llegar a la cámara de diputados.

Este dictamen modifica la ley Nacional de Educación Sexual Integral (ESI) convirtiéndola en una “ley de orden público”. Obligatoria en todos los niveles y modalidades para colegios de gestión estatal o privada de cualquier jurisdicción. La ESI deberá ser “respetuosa de la diversidad sexual y de género”, “basada en conocimientos científicos y laicos” y “congruente con los derechos reconocidos en las leyes vigentes”.

Según esto los padres y los colegios no podrán enseñar ninguna otra visión de la sexualidad más que la “impuesta” por el Estado.

Deberán tomarse en cuenta, además, “las resoluciones del Consejo Federal de Educación”, que dicen, por ejemplo, que en el nivel inicial hay que hablar de “la diversidad de familias” y en el primario de métodos anticonceptivos.

Al mejor estilo totalitario se suprime la posibilidad de que cada comunidad educativa pueda dar cumplimento al Programa “en el marco del respeto a su ideario institucional y a las convicciones de sus miembros”. Todas deberán garantizar los contenidos de la ESI previstos por el Estado e incluirlos en su proyecto institucional, “de manera transversal y a través de espacios curriculares específicos”.

Estamos en un Estado democrático, pero nos “imponen” los conceptos, la visión de la ideología de género.

Pasándolo en limpio: si se aprueba esta modificación nuestros chicos , desde los más pequeños, en nuestras escuelas, deberán ser “adoctrinados” por la ideología de género, que promueve la diversidad sexual y la “libertad” para que cada uno “se perciba” como quiera, confundiendo así la mente de nuestros niños.

Además, los padres de familia y las instituciones educativas no podrán hacer su opción por sus convicciones y su ideario institucional, sino que deberán “obedecer” esta ideología a la hora de educar.

Si esto no va contra la libertad, si no es una verdadera dictadura, ¿Qué es? En un país democrático cada uno tiene libertad de pensar y de educar. En un país democrático, los padres pueden educar a sus hijos conforme a sus convicciones.

Si lo propuesto se aprueba, nuestros niños y jóvenes serán educados según una ideología perversa que se basa en presupuestos científicamente inválidos puesto que cada uno de nosotros no elige la sexualidad que tiene, sino que la recibe con su ADN, con sus cromosomas.

Nadie en su sano juicio puede pensar que ser mujer o varón es una elección. Así como no elijo la familia en la que nazco , o no elijo la cara que tengo, o no elijo el país o el idioma, sino que lo recibo como un don, tampoco elijo el sexo.

Identificar sexo con género, como lo hace la ideología de género, es un grave error de concepto puesto que la palabra sexo indica la diferencia que tienen los humanos, que son varones o mujeres según sus cromosomas y no según la conducta que elijan.

Esto es evidente en los trabajos, por ejemplo, de los arqueólogos, que con huesos de 500 o más años, saben si los restos fósiles son de varón o de mujer. Identificar sexo con género es una perversión del lenguaje, puesto que género viene de generar y lo que se genera son seres humanos.

Los hombres tenemos sexo, no género. Y la sexualidad es un “modo de ser persona”, puesto que todo en el varón es masculino y todo en la mujer es femenino. El varón piensa, camina, habla, juega, etc. etc. como varón y la mujer como mujer.

Pretender otra cosa es violentar la naturaleza. Y le quieren meter en la cabeza a nuestros hijos que todo da lo mismo. Y los padres y las instituciones no podrán hacer nada.

Lo que hay que hacer urgentemente es OPONERSE a tal perversión del lenguaje y de la cultura, que está llevando a la humanidad a su propia destrucción.

Los padres de familia y los colegios tienen que hacer las presentaciones del caso, para oponerse a esta nueva pretensión de la onda verde que se quiere imponer desde la educación. Lamentamos que una legisladora jujeña esté promoviendo este tipo de pensamiento perverso.

No nos extrañemos que en poco tiempo más varoncitos y mujercitas tengan que ir al mismo baño y tengamos chicos de 4 y 5 años totalmente confundidos porque no saben qué son, si varones o mujeres.

“CON MIS HIJOS NO TE METAS”

Este lema tiene que enfrentar estas pretensiones y lograr que no se imponga para nuestra educación, a fin de que se respete la libertad que un día conquistamos con esfuerzo y no nos dejemos “colonizar” por una ideología perversa que ya denunciara el Papa Francisco y muchos más en una enorme cantidad de documentos.

Dice el Papa en “amoris laetitia” nro 56: Otro desafío surge de diversas formas de una ideología, genéricamente llamada gender, que «niega la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y de mujer. Esta presenta una sociedad sin diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia. Esta ideología lleva a proyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer. La identidad humana viene determinada por una opción individualista, que también cambia con el tiempo

»[45]. Es inquietante que algunas ideologías de este tipo, que pretenden responder a ciertas aspiraciones a veces comprensibles, procuren imponerse como un pensamiento único que determine incluso la educación de los niños. No hay que ignorar que «el sexo biológico (sex) y el papel sociocultural del sexo (gender), se pueden distinguir pero no separar»[46]. Por otra parte, «la revolución biotecnológica en el campo de la procreación humana ha introducido la posibilidad de manipular el acto generativo, convirtiéndolo en independiente de la relación sexual entre hombre y mujer. De este modo, la vida humana, así como la paternidad y la maternidad, se han convertido en realidades componibles y descomponibles, sujetas principalmente a los deseos de los individuos o de las parejas

»[47]. Una cosa es comprender la fragilidad humana o la complejidad de la vida, y otra cosa es aceptar ideologías que pretenden partir en dos los aspectos inseparables de la realidad. No caigamos en el pecado de pretender sustituir al Creador. Somos creaturas, no somos omnipotentes. Lo creado nos precede y debe ser recibido como don. Al mismo tiempo, somos llamados a custodiar nuestra humanidad, y eso significa ante todo aceptarla y respetarla como ha sido creada.

Que nuestros padres de familia y nuestros colegios estén atentos para resistir a estos intentos de mentes trasnochadas que no saben mirar la realidad sino que la inventan según un “verso” que les vendieron los ideólogos del género. Una nueva batalla cultural nos espera. Esto recién comienza.

Pbro. Germán Maccagno

 

 

 

 

 

 

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