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El desafío de volver a empezar

Columna de opinión de Elisabeth Amat

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Las despedidas siempre fueron odiosas y más, si se trata de decir adiós a una de las semanas más divertidas y emblemáticas de Jujuy. Sé que es difícil pero está claro que  no nos conviene mantener la vista atrás, porque sino, no avanzamos, y perdemos las oportunidades de esbozar los nuevos proyectos.

Febrero pasó húmedo y volando.  Nos sorprendió el diablo carnavalero acompañado de  40 mil turistas sin dejarnos un pequeño respiro, porque ahí no más, pegadito, un cura nos recordaba que tan sólo éramos polvo, y que hay que espabilarse porque el tiempo es corto.

Así comenzamos el año… Un tanto atropellados, con una lluvia enamorada de Jujuy y para no defraudar a las tradiciones, con unos maestros cansados de pedir un salario más o menos digno, mientras los niños esperan ansiosos con los cuadernos en la espalda.

En estos días, no nos queda otra que respirar con nostalgia esa vieja infancia…. en la que brillábamos con una birome nueva, con una carpeta grande repleta de lienzos para imaginar, acompañados de un estallido de colores que salían de una caja por estrenar.

Y revivimos, en esas noches de insomnio,  la ansiedad del primer día de escuela, para disfrutar casi al alba, del baile de las banderas al son de un aurora triunfal, después de haber estado tantas semanas mudas, guardadas en un viejo cajón oscuro de escritorio. Son esos paños albicelestes, que vuelven a tocar el cielo, los que nos recuerdan que, a pesar de todos los problemas que se repiten año tras año en este país, el entusiasmo por querer cambiarlos no puede morir. No podemos bajar los brazos mientras el mismísimo futuro nos mira embobado, con su delantal inmaculado y nos pregunta un tanto apesadumbrado: ¿será buena la seño este año?

No nos queda otra que ponerle buena cara al mal tiempo y de no obsesionarse con el carácter de la autoridad pertinente sino de querer aprender. Es cierto que podemos tropezar con  la misma piedra pero la cuestión está en levantarse, porque el suelo es triste y frío, y a los problemas se los enfrenta de pie para derribarlos desde arriba.

Ensanchemos el pecho como lo hacen todavía los colegiales en su primer día en el aula. Embistamos las hojas en  blanco y escribamos la historia, con la mochila en la espalda… eso sí, cada uno con la suya, que siempre aparece el avispado bravucón que busca alguna víctima que se la cargue.

Sí. Ya sé que no se puede empezar desde cero. Que no podemos inaugurarlo todo… que algunos delantales están parchados, que los zapatos son heredados, que los lápices son los del año pasado pero con punta reciclada y las carpetas forradas con un papel bonito que esconde la tapa estropeada. Sin embrago, la sonrisa nos asombra  fresca y renovada y la ilusión se despierta porque nos dan la oportunidad de sentarnos en un pupitre lleno de proyectos y de sueños por seducir.

Ojalá todos nos despertemos en este mes de marzo con las ansias de hacer letra prolija, sabiendo que si se tuerce en algún renglón,  podemos rectificarla en la siguiente línea, con la experiencia de nuestros errores. Y observar la inocencia de nuestros niños y esa mirada llena de conmoción que nos derrite, especialmente a las madres. No nos olvidemos que en esos ojos quijotescos se esconde la esperanza de saber que todavía estamos a tiempo de comenzar, con los bolsillos más  vacíos que de costumbre, pero eso sí,  con la pasión y el alma invicta.

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