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Abrazos con alas, la esencia del alma

Columna de opinión de Candelaria Moreno.

Revisando unos escritos y tratando de quitarles la tierra y el olvido encontré la certera frase de “Abrazar es respirar la esencia de las personas” y eso me produjo la necesidad de recordar y sobre todo sentir  que necesitamos abrazar al otro y sobre todo abrazar nuestra propia  alma para tener más energía positiva  a nuestro favor en un recorrido que hacemos en esta tierra  y bajo este cielo jujeño.

Recordé las palabras de una psicóloga  que dijo que  los seres humanos necesitamos “cuatro abrazos para apenas sobrevivir, ocho para mantenernos como estamos y doce para ser felices”…y a esta hora siendo la una y cuarto de la madrugada empecé a hacer el recuento de los abrazos que había dado durante el día, encontrándome con la triste realidad de que solo eran tres los abrazos dados y el tercero apenas se dibujaba como tal ,ya que no conocí a la persona contactada y era de esos abrazos virtuales que uno da con la imaginación por lo que me autocritiqué  de cómo podía  hablar de abrazos si carecía  de idoneidad para ello.

Me consolé pensando que al otro día cuando comenzara el  nuevo día podría revertir la carencia de ese contacto tan importante en la vida como es abrazar no solo el cuerpo físico sino también el alma que es la que más necesitada está,  de ese maravilloso  ritual  de abrazar y ser abrazado.

Como seres sociales y amorosos necesitamos el contacto físico con el otro, llámese  amigo, pareja, hijos  o simplemente conocidos…según los expertos ese estrechar al otro nos produce enlaces químicos que aumentan el funcionamiento de nuestro sistema inmunológico a tal punto que nos enfermamos menos y la vejez que arremete sin cesar, se resiste a acercarse a seres tan plenos y  vitales protegidos  de abrazos y  un cúmulo  de oxitocina.

Cuando pensamos en los abrazos nos remitimos a ellos, los que nunca dimos por prejuicios, es decir por el que dirán…también están los abrazos que murieron justo en la cima de la  imaginación, porque allí los entregamos con tanto gusto que fueron perfectos, acompañados de suspiros, de emoción y de un cosquilleo en el cuerpo, casi como una descarga eléctrica de alto voltaje…

Insistimos  que abrazar es un gesto sencillo y cotidiano, todos podemos con voluntad y constancia  ponerlo  en práctica  aunque a veces  olvidemos  acercarnos al otro con ese mágico contacto. Es que no llegamos a ser ángeles y  perdemos  la capacidad para aliviar y lograr el acercamiento  al alma de las personas con  un enorme  poder de unión.

El abrazo nos sana y consuela, el abrazo acompaña, el abrazo  mejora  la salud y la comunicación entre las personas provocando esa inexplicable  sensación de seguridad y protección casi divina.

Muchas veces en las redes hemos observado campañas que se realizan en los parques o en una plaza donde se intercambian  una tarjeta por un abrazo y es impresionante como la gente cambia su  adusto rostro en la mayoría de los casos y  al finalizar  ese extraordinario acto  de abrazar se transforma en una amplia y sincera  sonrisa relajando los músculos aliviados de una pesada carga que desaparece en ese instante maravilloso.

Será que tenemos que promover más campañas para que los hombres y mujeres que corremos durante el día, detrás de las rutinas y las tareas estresantes  dediquemos un momento de nuestro tiempo a realizar algo que debiera ser tan natural como respirar, solo abandonarnos en ese abrazo que toda persona  debiera  realizar.

Así que en este momento, vos que estás leyendo estas líneas, podrías acercarte  a la persona que tengas al lado, en casa, en el trabajo o en el lugar donde te encuentres y sin dudar darle un abrazo largo que detenga  el reloj  y te  haga sentir “HUMANO” en búsqueda de mejorar la raza humana, dando y recibiendo amor, es que casi siempre olvidamos que solo vinimos a realizar un tierno  aprendizaje solo “Dar amor”.

Los abrazos pueden comunicar las emociones sin decir palabras y en realidad podríamos vivir sin ellos  pero sería como morir lentamente, un poquito cada día, por lo que debemos asegurarnos de esa  dosis diaria de abrazarnos el cuerpo y el alma  (cuatro para sobrevivir, ocho para mantenernos y doce para ser felices), por lo menos hasta que recuperemos las alas y podamos volar más allá de este  tiempo y espacio.

 

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