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Historia de soledad

«El abandono de los ancianos es un acto de desamor ruin y merece darse a conocer para que vaya cambiando la actitud de los hijos». La opinión de Candy Moreno

Hoy escribo desde la esquina de una habitación a penumbras en una clínica como tantas otras. Es de tarde, hace calor, los autos circulan con premura, en los pasillos de la clínica se escuchan pasos que van y vienen, la sequedad del ambiente que proviene del viento norte se hacía sentir en los labios resecos de la triste anciana.

Tendría unos 90 años que luego corroboré por palabras de su propia hija que entre el apuro y la vergüenza contó que la anciana tenía 8 hijos, 20 nietos y 7 bisnietos que brillaban por su ausencia.

-Casi ninguno trabaja y no vienen a cuidarla- decía la mujer mientras transpiraba al acomodar a su madre que sin fuerzas y carente de lucidez mental hilvanaba incoherentes recuerdos.

Entre balbuceos inentendibles pedía agua y expresaba que tenía hambre, claro la hija no tuvo mucha paciencia por lo que en un breve tiempo quedó sola de nuevo, sola con sus recuerdos de pastora que entre acullicos y fuertes vientos calientes hilara en otros tiempos  para luego tejer mantas y ropa para abrigar a sus ocho pequeños que irónicamente tiempo después abandonarían a la buena de Dios a su madre pastora.

Los pensamientos vuelven esta vez plenos de dolor y soledad, habrá sido el frío extremo de la Puna que les enfrió el alma para no sentir el llamado de la anciana que lloraba por tanto abandono y así entre el silencio y los acelerados latidos de ese viejo corazón recordaba las tazas de mate cocido con tortilla en una  humilde casa de nuestra puna jujeña.

O quizá el viento norte les hizo volar  las neuronas y los buenos sentimientos impidiéndoles pensar en la creciente necesidad que en ese momento tenía su postrada madre, tan indefensa y expuesta como un ave sin alas.

Caminando hacia el baño me hizo ruido una idea, llamar a sus hijos para decirles lo que su madre estaba sufriendo y que solo pedía amor, una caricia, suaves palabras que le hicieran recordar ese sentimiento que nos salva como humanos.

El abandono de los ancianos es un acto de desamor ruin y merece darse a conocer para que vaya cambiando la actitud de los hijos tan ocupados en su vida que olvidan el origen de su transcurrir en esta vida. Si bien es cierto el cuerpo es más frágil la experiencia de nuestros mayores es un océano de sabiduría que nos puede guiar en los senderos de esta vida.

Mientras camino por los pasillos rumbo a la puerta de salida pienso que afortunadamente los tiempos mutan  y una pequeña luz de esperanza ilumina nuestro futuro al igual que la cerradura del cuarto por la que podemos ver  seres humanos amorosos  que cuidan a sus ancianos con respeto, tolerancia y  paciencia  sabiendo que aún nos queda mucho por aprender, no obstante  lo esencial es que comenzamos a recorrer la ruta del corazón.

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