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Cuando el amor perdura

La vida de los muertos perdura en la memoria de los vivos, y mientras queden pedacitos de amorosos  recuerdos, nuestros muertos tendrán entrada a este plano donde se les rendirá homenaje con todo lo que les gustaba en vida. Por Candy Moreno

Llega noviembre, en  Jujuy las ofrendas se van dibujando en las manos de las jujeños  que acostumbran con dos semanas de antelación preparar, amasar, dejar leudar, ir modelando diferentes figuras, escaleritas para llegar al cielo más rápido, palomas con ojitos de cenizas, un piquito negro por aquí,  un angelito por allá y pochoclos  que juegan  a las escondidas  en la mesa que recibe  a los que ya no están, a los que fueron y dejaron de ser en este plano terrenal para convertirse en bellos recuerdos y parte de los corazones de los que quedamos aquí.

Noviembre, mes en que se los recibe  con un corazón ansioso, entre flores y coronas de papel crepé, arroz con leche y su agregado de canela en rama, caramelos y chupetines, charqui y chalona, chicha de maíz y maní, muñequitos, turquitos de todas formas y tamaños y lo esencial  “el amor presente y perdurable”.

Levantarse temprano, preparar chicha para las almitas también forma  parte de nuestra cultura ancestral, estirar las tiras  de papel que caen elegantemente en las coronas que se lucen   en los  cementerios como símbolo de un constante amor  entre colores y  velas derretidas,  acompañando  las lágrimas de los vivos por sus difuntos…

La vigilia se efectúa en familia orando cada tanto, con juegos de manos: la moneda escondida o el cinto peligroso que pondrá rojas las palmas del dueño más distraído.Toda la noche, entre cuentos y cantos, las bebidas acompañan  y logran  que los más tímidos salgan de su silencio  participando en los juegos y anticipando visitas  invisibles y  misteriosas.

Tantas tradiciones se perdieron  en el olvido aunque en nuestro Jujuy querido, debemos estar tranquilos, porque el traspaso de costumbres y rituales está siendo entregado con total éxito de abuelos y padres que dejaron su semilla sin ponerse a pensar que la cultura de un país y la tierra sagrada  se los agradece  en forma anónima por siempre y para siempre…

La vida de los muertos perdura en la memoria de los vivos, y mientras queden pedacitos de amorosos  recuerdos, nuestros muertos tendrán entrada a este plano donde se les rendirá homenaje con todo lo que les gustaba en vida, desde un vaso de agua hasta un plato elaborado por la familia, el mejor mantel bordado por las abuelas presentes y ausentes, las que están presentes serán las que organizarán la repartija del día siguiente… la mayor porción para los vecinos más cercanos quienes también serán los que conviden las ofrendas de su propia casa y así el intercambio pactado será exitoso… y es que el día posterior al de los difuntos todo se nutre de presencias   y recuerdos, compartir las comidas y bebidas que según los que saben ya no tiene la esencia porque los muertos que vinieron a visitarlos absorbieron esa energía vital que tienen los alimentos preparados con tanto amor , sentimientos de fe y recuerdos  perdurables.

Así, entre cansancios olvidados  y sentimientos de nostalgias  será el tiempo de la despedida, hasta el próximo año en que dará inicio el ritual de la preparación, la espera, la emoción, las lágrimas que desfilarán a escondidas por las mejillas de los vivos que aguardan a sus muertos con el corazón pleno de compromiso, recuerdos  y amor del bueno, ese que no deja de sentir uniendo  las  distancias a través del tiempo.

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