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Monstruo de colores

Columna de opinión de Elisabeth Amat.

Hace unos años, aterrizó un libro sobre un monstruo de colores en mi casa. A día de hoy, siempre pulula por los dormitorios porque pasa de mano en mano, que en este momento, están muy limpias. El monstruo debe separar los colores de su cuerpo en frascos y  así poder seleccionar sus emociones, porque cada una tiene un color diferente. Al ordenarlas, toma conciencia de cada emoción y puede decidir con claridad que es lo que quiere hacer aquel día.

La hoja que menos nos gusta es la que habla del miedo… porque cuando tenemos miedo, cuenta el monstruo, nos sentimos pequeños, nos escondemos y pensamos equivocadamente que no podemos hacer nada. Nos bloqueamos como si alguien nos hubiera congelado.

En estos días, donde la desinformación y el estado de alerta nos invaden en las casas, pensé mucho en el miedo que en el libro del monstruo es de color gris. Una emoción sombría que nos hace estar solos, lejos del otro, donde nos paralizamos, siendo  incapaces de actuar. Es esa sensación de angustia provocada por la presencia de un peligro real o imaginario.

El miedo es egoísta y por tanto peligroso, porque nos olvidamos del otro y entonces, caminamos solos, individualistas, inseguros de nosotros mismos.  Es como un veneno que va quemando por dentro la esperanza y la necesidad de tener al otro para salir de esa oscuridad interna tan atroz. Y lo que es peor… el miedo busca culpables y a veces no los hay.

En estos momentos, el peligro de que nos llegue el temido coronavirus  es real; pero algo habrá que hacer con esa angustia que nos empuja a ir al supermercado histéricos, llenando los carritos desaforadamente, vaciando las góndolas sin mucho sentido para que los de atrás se marchen con las manos vacías.

Además, este sentimiento gris se contagia mucho más que el mismo virus, dando lugar al pánico social en las redes, donde ya no sabemos a quién creer y qué escuchar. Y entramos en un laberinto cobarde donde la ansiedad es la principal protagonista, olvidando que necesitamos varias dosis de paciencia para poder convivir estas dos semanas.

Esta es una oportunidad, como cualquier otra crisis, para desafiar a  los miedos en equipo y enfrentar al enemigo de forma inteligente y con calma. Y sobre todo aprender… a parar un poco la marcha, y reflexionar sobre todas las cosas que tenemos y no siempre valoramos y comprobar que hacer comunidad es más bonito de lo que esperábamos.

En estos días, que no nos quedará otro remedio que quedarnos en casa,podremos dar rienda suelta a la imaginación con los más pequeños y volver al juego en familia y sobre todo, empatizar con el vecino, con aquel que más nos necesita. Además, entenderemos que es la resiliencia, esa capacidad de levantarnos ante una situación estresante y traumática, que aquí en Argentina, no es algo que nos resulte tan extraño, y, en muchas otras ocasiones, nos ha definido como nación.

Habrá que hacer como el monstruo de colores, desenredar las emociones y ponerlas en un frasco con un nombre. Identificarlas, para poder solucionar los problemas juntos otra vez.

Dejemos ese sentimiento gris a un costado y analicemos el vaso medio lleno y por qué no, usando el buen humor para salir adelante. Juntos, podremos afrontar la crisis como sociedad madura, donde se entiende, que cuando cuidamos del otro y somos solidarios, también nos estamos cuidando a nosotros mismos.

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