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Si en nuestras palabras no hay nada de positivo… mejor, traguémoslas

La primavera en Jujuy está empezando a asomar la cabeza. Este año no podremos disfrutarla en las carrozas estudiantiles pero, por suerte, las flores rosadas de los lapachos y los picos colorados de los ceibos nos dibujarán sonrisas durante algunas semanas.

Parece que el estallido del color y algunas gotas de lluvia que saboreamos como elixir después de tanta sequía, transformaron el cansino amarillo del pasto por un verde esperanzador.

Este es el momento para dejar las caras largas y hacer un examen para despedir las energías tóxicas de nuestro alrededor y quedarnos con las que nos enriquecen y nos suman. La pandemia que el mundo entero atraviesa este año es de terror pero está en nosotros erguir la cabeza y caminar al frente, con paso firme, sin miedo, aprendiendo juntos de forma responsable.

Siguiendo con el tema del poder de las palabras, deberíamos también elegir las que sanan, acarician y ayudan al otro, enmudeciendo nuestra boca con aquellas que se dedican a destrozar al otro. Y así, ahuyentamos a las toxinas malas que atraen, desde bichos covid, hasta víboras que viven del veneno de las malas lenguas.

En Jujuy, como en todo pueblo chico, nos conocemos todos y por tanto, sabemos de qué pie renguea cada uno. Sin embargo, en estos meses difíciles, lo mejor sería resaltar el lado bueno con el que todos crecemos y enterrar los comentarios que sólo seducen al negativismo y empañan el alma con una nubosidad oscura, donde la mentira se sienta en la mesa principal.

Es sorprendente ver cómo las personas tenemos esa terrible necesidad de hablar de otro. De mirarlo envidiosamente, con el rabillo del ojo, y comentar de más… con palabras inventadas o no. La cuestión es ensuciar la fama del vecino, el buen nombre que construyó durante años y saber que nosotros tenemos en la lengua el poder de derribarlo de un solo saque. La maldad se esconde en el afán por hablar sin pensar, dándole pábulo por quedar bien, llenando un silencio incómodo o en el orgullo de entender que tenemos la posibilidad de derrotar al prójimo en su ausencia… Cuando uno difama, casi siempre lo hace a espaldas de la víctima, como aquel cobarde que no sabe enfrentar el desafío de decir las cosas mirando fijamente a los ojos de su rival.

La teoría es fácil: Lo que no ves con tus ojos no lo inventes con tu boca. Si no tienes nada bueno para decir mejor quédate callado. Si en tus palabras no hay nada de positivo, trágatelas. El problema, como siempre, radica en la práctica, que es lo que más cuesta, pero también es en ella, donde los valientes salen victoriosos de sus batallas.

En esta primavera, donde Jujuy nos enseña su lado más colorido, a pesar de que las circunstancias son oscuras y tristes, habrá que contagiarse del buen humor y de esas palabras que conmueven y ayudan. No es momento de destruir con habladurías y difamaciones, sino de caminar juntos, apoyándonos, más allá de las famosas grietas cismáticas que no nos conducen a buen puerto.

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