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7 tips para acompañar a un adolescente y no morir en el intento

Columna de Opinión de Elisabeth Amat.

La adolescencia es una de las etapas más complicadas del ser humano ya que es en este tiempo donde supuestamente se asientan las bases para definir nuestra identidad. Todos lo sabemos porque la hemos atravesado de una u otra forma, pero vivir con especímenes que la están transitando en este momento, se ha convertido en una odisea para algunos padres del s. XXI. Ya nos lo habían advertido cuando sentimos su olorcito por primera vez en nuestros brazos: “Aprovéchalos que luego cuando tengan 15 años ya no van a querer que los achuches”. Me sonaba tan lejano…

Hace algunos días, me vino a la memoria esas películas que representaban a las sociedades primitivas donde el niño se metía en la selva y volvía al poblado, después de algún tiempo, hecho un hombre con la piel del oso como abrigo. ¡Ja! Ahora los entiendo. Evadían la adolescencia del pobre chaval que estaba siendo insoportable.

En fin…volviendo a la actualidad,  como se me habían quemado los papeles con algunas situaciones, pedí ayuda a algunos expertos, entre ellos mi padre, que quizás podría darme una mano con sus lecturas y experiencias. Así, que sin rodeos, tras un análisis exhaustivo, paso a enumerar los puntos clave para tener en cuenta a la hora de convivir con un adolescente y no morir en el intento.

1- Establecer límites. Es necesario que, en la convivencia de cada día, haya una serie de normas a respetar y que se sepan qué consecuencias pueden haber si no se cumplen

2- Invertir tiempo y energía. Puede parecer una obviedad pero es importante dedicarles un espacio en nuestra agenda, aunque a veces se convierta en una tortura porque ellos no están muy contentos de pasar ese rato a solas con nosotros.

3-Ser firme en las decisiones y no dudar en mantener un estilo de vida honesto. Con otras palabras: menos sermones y más ejemplos mudos con buenos comportamientos en casa.

4- Evitar comparaciones. Este punto lo sufrí yo en el colegio y no se lo deseo a nadie. Que los demás prefieran a tus hermanos porque son mejores en una u otra cosa, te hace sentir el ser humano más pequeño del planeta, y tu autoestima, evidentemente lo sufre. Nadie va a mejorar perdiendo la esencia de sí mismo para convertirse en una copia mentirosa de otro.

5- Evitar presiones innecesarias. A veces nos cuesta admitirlo, pero nuestros hijos son muy distintos a nosotros y nos equivocamos pensando que les gustarán las mismas cosas; pero no. Deben tener sus propias metas, no las nuestras. No nacieron para cumplir nuestros sueños truncados, sino los suyos propios, a pesar de que la mayoría de las veces nos parezcan absurdos o ilógicos.

6- Aceptar que nuestros hijos no son perfectos. Si nuestro hijo se equivoca, él deberá asumir sus errores, aunque eso nos duela más a nosotros que a ellos mismos y sintamos el deber de protegerles.

7- Ser sinceros con ellos. La sinceridad no es una herramienta muy popular en las relaciones padres e hijos. Durante mucho tiempo hubo temas tabú o problemas que se escondían y no se aceptaban en la familia. Todos parecíamos familias Ingalls, pero en el fondo, como en todos lados, habían inconvenientes. Actualmente, con las nuevas generaciones, hay un diálogo más abierto pero no por ello, más honesto. Decir lo que sentimos, puede evitar una pelea engorrosa.

Evidentemente que cada hijo tiene su carácter, sus miedos, inseguridades, sus emociones bailando en una montaña rusa… Sus contradicciones diarias. Quizás deberíamos hacer lo que un día me dijeron en mi casa: “No intentes entenderlos. Simplemente acompaña, abraza, aunque se pongan tiesos como palo de escoba, y no les abandones aunque te lo pidan con sus malas caras. Siembra la tolerancia y el silencio, pero sobre todo, en mi caso,  PACIENCIA y BUEN HUMOR.

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