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“La libertad de uno termina donde comienza la del otro”

Columna de opinión de Elisabeth Amat.

El mes dedicado a la independencia pasó una vez más. Se terminaron los actos de negritos, damas antiguas, recreaciones patrióticas, locros, chocolates y banderas en las ventanas. Un valor agregado que se inculca desde la más tierna infancia hasta la edad más adulta, aprendiendo conceptos como el de libertad, independencia y unidad representados en próceres valientes subidos a briosos caballos. Pero… ¿qué sabemos los actuales de todas esas palabras? Vivimos en una sociedad donde los derechos están escritos en todos los manuales, sin embargo, muchas veces nos olvidamos que van de la mano de las responsabilidades.

Analicemos un derecho básico: LIBERTAD. Según el diccionario de la RAE «es esa facultad y derecho de las personas para elegir de manera responsable su propia forma de actuar dentro de una sociedad».

¡Qué difícil educar a nuevas generaciones cuando se confunde la libertad con la idea de que cada uno haga lo que le venga en gana, (sea bueno o malo) con su persona y con la de los demás! Eso no es LIBERTAD, sino LIBERTINAJE.

Cada individuo es libre por sí solo y por tanto, también en su conjunto. Está claro que en el mundo físico no, porque aunque quisiéramos, resultaría imposible vivir sin oxígeno o volar como un pájaro. No obstante, aunque la libertad es un derecho de cada uno, no tiene sentido si no se entiende como un concepto social.

Está claro que la sociedad no resultará libre si sus individuos no lo son. La sociedad no es más que el rejunte de todas las libertades concretas. Pero ¿qué pasa cuando un grupo social, cumpliendo su derecho, perjudica a los demás y viola los derechos del otro? ¿Dónde radica la responsabilidad con el otro, con la provincia y con la patria?

Entonces, es que no somos libres del todo, ni vivimos en un JUJUY justo. ¿De qué nos sirve enseñar tanto los conceptos si evidentemente no los ponemos en práctica? Sin ejemplo, no puede haber educación. Ya lo dice el refrán: «las palabras se las lleva el viento».

Reflexionemos un poco más. Donde un solo individuo o unos pocos tienen libertad frente a los demás, ahí lo que hay es tiranía. Si su libertad es el precio de la negación de la libertad ajena no hay allí libertad alguna.

El concepto es claro: «La libertad de uno termina donde comienza la del otro».

Será cuestión de pensarlo cada vez que queremos reclamar algo fastidiando a toda una comunidad.

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