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Irán le negó el ingreso a un argentino por ser gay

En Irán la homosexualidad está penada por ley, que concibe hasta las ejecuciones públicas por lo que considera un delito.

«Fueron 36 horas bastante pesaditas», dice Alejandro Modarelli, periodista y escritor, de regreso en Estambul. Desde ese lugar intentó volar ayer hasta Teherán pero nunca pudo salir del aeropuerto iraní. El motivo: su elección sexual. Al menos eso es lo que supone luego del interrogatorio incisivo que le hicieron, en el que le preguntaron expresamente si era gay. Contestó que sí. Luego y sin explicarle demasiado, lo retuvieron sin su pasaporte 24 horas hasta que lo deportaron de regreso a Turquía.

«Con mi amigo queríamos hacer nueve días de turismo en Irán. Sabía que ahí se puede tramitar la visa on arrival y eso hicimos. Primero me atendieron bien: pagué la visa, un seguro médico obligatorio y llené un formulario. Pero de pronto hubo tensión en el aire y apareció un funcionario con actitud de Gestapo hablando en castellano, fue todo muy raro», cuenta.

El oficial lo había googleado: le preguntó por un libro que Alejandro escribió en el 2001 -y se reedita este octubre-, llamado Fiestas, baños y exilios que describe la movida gay porteña en la dictadura. El autor también colabora actualmente en el suplemento Soy de Página 12.

Homosexualidad

En Irán la homosexualidad está penada por ley, que concibe hasta las ejecuciones públicas por lo que considera un delito.

«El tipo se sienta y me nombra en castellano el título de mi libro, del que me pregunta si soy autor. Le digo que sí. Se lo veía muy crispado, irritado de que yo fuera homosexual. Después me mira a los ojos y consulta ´¿Usted es gay?´ Le dije que sí. Le preguntó lo mismo a mi compañero, que contestó que sí. Y después nos consultó ‘¿Y qué quieren ver en Teherán?’ Había un millón de cosas que queríamos hacer pero en ese momento no nos salió decir nada».

Inmediatamente les retuvieron los pasaportes y los hicieron esperar en un lounge unas 24 horas hasta que salió un avión de regreso a Estambul.

«En el medio de toda esta historia se presenta un hombre joven, guapo, vestido de uniforme y nos ofrece gestionar la visa por izquierda si le dábamos 200 dólares. Le dije que no era el momento propicio para hacerse el porteño. Volvío, insistió, y le avisamos al personal de Turkish Airlines que eran quienes seguían la deportación. Se generó un lío bárbaro porque resultó ser un estafador que trabajaba en el aeropuerto. Nos ofrecieron denunciarlo pero nosotros solo queríamos irnos».

El regreso a Turquía tampoco fue muy feliz. «Cuando llegamos a Estambul ya estábamos en categoría de subhumanos, no nos decían nada ni nos devolvían el pasaporte. La burocracia aeroportuaria trata con desdén a los que lleguen deportados. Por suerte en todo momento intervinieron Federico Burella -cónsul de la embajada en Irán y Martín Lafforgue – del consulado de Estambul- que lograron que nos devolvieran los pasaportes. El temor de los dos era que me hubieran puesto como una amenaza contra la seguridad nacional en un lugar donde esta penada la homosexualidad. Por suerte no sucedió», explica.

Para Alejandro, si bien no recibió violencia física todo el proceso fue agotador y angustiante. «Le recomiendo a cualquier persona que tenga actividades relacionadas con la comunidad LGBTI que antes de viajar a Irán lo piense dos veces y al menos cierre las redes sociales. E intente tramitar la visa en origen».

Fuente: La Nación.

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