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Falleció Elio Paredes, veterano jujeño de la guerra de Malvinas

El héroe es despedido en la Casa de la Cultura de la ciudad de Monterrico.

Elio Rubén Paredes, veterano de la guerra de Malvinas, falleció esta madrugada en la ciudad de Monterrico a los 56 años. 

Los restos del héroe jujeño están siendo despedidos en la Casa de la Cultura de la ciudad de Monterrico y aún no se dio a conocer horario del sepelio.

Elio nació el 11 de mayo de 1962 en San Pedro de Jujuy y se crió en Monterrico. Fue tripulante del buque de desembarco de tropas ARA “Cabo San Antonio”.

Compartimos un fragmento del libro «Malvinas en Primera Persona», de la autora Laura Ballatore, en la que el Elio Paredes cuenta sus sensaciones al momento de enterarse de que iba a la guerra y cómo fue volver.

«Justo terminaba la secundaria y al año siguiente me tenía que incorporar al servicio militar. Cumplí la instrucción en Punta Indio y mi destino queda en la Compañía de Seguridad de la Base Aeronaval que tenía a su cargo toda la vigilancia. Pero yo no hacía guardias, como era el único que tenía el secundario completo de todos los chicos que estaban ahí, me dieron un trabajo de oficina para hacer papeles, partes, notas.

Cuando comenzó el conflicto, digo acá estoy lejos de Malvinas, no me va a tocar. Por la mañana me llama un colimba de la base, me dice acá hay un memorandun donde estas vos y dice que tenés que ir a la flota de mar. Yo lo tomé como una broma primero, pero después me vuelve a llamar, vení a llevarlo, aquí hay varios de la base que tienen que salir a más tardar esta tarde para Bahía Blanca, a Puerto Belgrano. Ahí nomás le digo al suboficial a cargo de la compañía, hay este papel allá voy a buscarlo. Seguía pensando que era broma, pero cuando veo mi nombre en el papel es como si me hubieran echado agua fría. Era el 10 o 12 de abril. Cerca de las 4 de la tarde ya estaban los papeles hechos y viajamos en tren a Bahía Blanca, llegando al otro día a las 2 de la tarde. Me dieron como destino el Cabo San

Antonio. Llevamos tropa, un batallón completo, con camiones, tanques, tanquetas y municiones.

El primer día de navegación fue terrible, por la descompostura del estómago. También me preguntan que sabía hacer, yo estaba en el detal de la compañía, entonces me pusieron en la contaduría. Allí hacía papeles porque el cabo que los tenía que hacer cumplía guardias, venía y me explicaba como tenía que hacerlos. Después el mismo teniente que era jefe mío, me llamaba para que haga las boletas y de cadete suyo. El trato en el barco era distinto a lo que era en la compañía, donde estaba más distanciado el soldado con el personal de cuadro.

Cuando navegábamos con la tropa me enviaban a la cocina para ayudar porque era poco el personal para atender a todos, era mucha la gente.

Llevamos la tropa a Tierra del Fuego porque pensaban que los chilenos iban a aprovechar la oportunidad para tomar toda la isla, entonces querían protegerla.

Cuando comenzamos a charlar con el personal de cuadro, cada vez que salíamos, decían hay que rezar porque este buque tiene que estar en puerto seco porque había que repararlo.

Como estaba en contaduría me sacaba el chaleco salvavidas y lo tenía colgado mientras trabajaba. Un día que estábamos navegando me lo dejo ahí y a la noche cuando suena la alarma que había que abandonar el buque, qué pasó, digo, y no tenía el chaleco. Nos habían dicho que nos pusiéramos algo de ropa en un bolsa seca y con eso salir si teníamos que abandonar el buque, tirarnos y tratar de llevar esa bolsa a la balsa, cosa que podamos cambiarnos la ropa que estaba mojada dentro de la balsa para no sufrir tanto el tema del frío. Así que lo único que tenía era la bolsa esa. Suena otra alarma y habla el capitán pidiéndonos que nos tranquilicemos, todo había sido una falsa alarma, que se había equivocado el personal de cuadro. Ya no pudimos seguir durmiendo. Al otro día empezaron los rumores de otros colimbas que trabajaban en el puente, contaban que el teniente lloraba porque estaba de guardia y fue quien accionó el botón de alarma de abandono porque vio que pasó por el costado del buque una luz, una cosa brillante que para él era un torpedo. Entonces accionó la alarma porque se imaginaba que ya venía otro. Después mi hermana, escuchó en una radio de Chile que el Cabo San Antonio había sido averiado. Al otro día mi familia esperaba conocer alguna noticia y nada. Así que me mandan una carta preguntándome si había pasado algo, yo no entendía nada. Se dijo que el incidente no se dio a conocer. Algo pasó ahí, pero no era la hora.

Por las noches subía, cuando estaba despejado miraba las estrellas y me preguntaba dónde estará Jujuy. A lo lejos se veían vislumbres de los pueblos cercanos a la costa.

Pasamos gran parte del tiempo en Puerto Deseado. Cargábamos víveres, municiones a barcos pesqueros.

Mi tarea en el buque era contaduría, acomodar papeles, cocina y hacer inventarios.

También nos tocó auxiliar al Aviso Sobral. Varios buques salen a navegar en búsqueda de los sobrevivientes del Crucero General Belgrano, incluso nos mandan a nosotros también pero con precaución y de no acercarnos mucho a la zona de combate. Se localiza el Sobral y nos mandan a rescatarlo. Navegamos hacia el lugar y casi nos choca el aviso porque no tenía timón, se había roto todo el puente. Nos acercamos, levantamos a la gente que estaba herida, se lo amarra el buque nuestro y lo llevamos hacia Puerto Deseado. Ahí se lo acondiciona un poco como que tenga timón y un par de cosas para que se vaya a Puerto Belgrano. Cuando me dan la baja, vi que le habían sacado todo el puente y lo estaban reparando.

El 14 de junio termina el conflicto, calculo que estuve una semana más en el buque, la idea mía era quedarme ahí, estar en el buque era más tranquilo. Dicen todo el personal que vino en pase de comisión tiene que volver a su destino, así que vuelvo a mi destino, pensaba

ocupar mi puesto en el detal, pero me dice el nuevo encargado de compañía no acá ya hay demasiados. Justo había un pedido de la base que necesitaban gente para levantar basura y me voy a hacer ese trabajo. Ahí estuve dos o tres días. Vuelve el otro encargado de compañía que había estado en Río Grande, me hace llamar, me ve todo sucio, me dice andá cambiate de ropa yo te quiero acá. Me hace quedar de nuevo en el detal hasta que termino el servicio militar.

Cuando estaba en el mar pensaba que ya no volvía más por la situación que estaba el buque, aparte teníamos otro colimba que nos contaba el armamento que tenían los británicos, los aviones, los submarinos, que nosotros estábamos lejos de eso.

Cuando volví no quería salir, quedé medio traumado creo, había actos de los que no participaba. En cambio ahora voy a los actos y dicto charlas en las escuelas».

 

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