Sabrina Galván

Una muerte evitable y mil preguntas

Esta semana una muerte nos conmocionó hasta los huesos y nos llenó de interrogantes.

26-03-2018 12:22

La historia fatal se desató luego de que la madre del niño Alexis Gómez Mamaní, Ana Gómez, denunció que su hijo de 3 años había desaparecido delante de sus ojos en una plaza de Palpalá.

Desde ese momento, efectivos de la Policía de la Provincia llevaron a cabo una intensa búsqueda en la ciudad siderúrgica para localizar al niño. Pero las inconsistencias en las declaraciones de la madre, hicieron que los especialistas la interrogaran varias veces, hasta que se dice que ella misma confesó que había matado a su hijo y lo había arrojado al río Grande en la zona denominada río Zapla.

Al día siguiente de la denuncia que tuvo en vilo a todo Jujuy y que desató todas las alarmas sobre los presuntos secuestros de niños que siempre invaden a los padres, un grupo de policías encontró el cuerpito de Alexis sin vida. La autopsia reveló que había sido golpeado, ahorcado y posteriormente tirado al río. Después los jujeños conocimos el entramado que envuelve el crimen de este inocente. Ana se casó hace tiempo con un efectivo policial Ciriaco Mamaní, tuvieron dos hijos de los cuales el menor era Alexis.

El año pasado, la mujer lo denunció por violencia de género y el hombre quedó detenido. Mientras tanto ella vivía en la casa de su ex suegra con los dos niños, por falta de trabajo para salir de ese hogar. La situación era tensa ya que la abuela paterna solicitaba ante la justicia la tenencia de los niños por las desatenciones de la madre. Ante esta situación, la mujer denunció en febrero que los niños habían sido abusados sexualmente ante oficinas del Estado, pero recién se le otorgó un turno para Cámara Gesell para el mes de marzo. La madre no se presentó y se cree que posteriormente ultimó al más pequeño. Por ahora es la única detenida por el caso y sus padres aseguran que no sabían si ella tenía alguna pareja en la actualidad.

Resulta llamativo el silencio de los organismos del gobierno provincial que no supieron contestar con firmeza si la familia había sido monitoreada por toda esta problemática y aunque se habla de que la madre era evaluada por psicólogos, no se sabe con qué regularidad y que se podría haber hecho para sacar a los niños del lugar en el que presuntamente eran abusados, ya que su padre biológico estaba preso.

El abogado de Mamaní reveló que tiempo atrás había solicitado que los menores quedaran a cargo de su abuela y la última medida judicial que consiguió, fue que el padre quedara con prisión domiciliaria. El propio titular del Ministerio Público de la Acusación, admitió ante los medios que si todos los organismos judiciales y provinciales trabajaran de manera articulada para tratar estos difíciles casos, se podrían evitar las terribles consecuencias que hoy afrontamos como sociedad.

Pero nuevamente los interrogantes nos llevan a preguntarnos la celeridad con la que se actúa en casos de violencia de género o contra menores, la contención que se brinda a las víctimas, la premura que imprimen fiscales o jueces ante situaciones similares, en las que se juega el destino y la personalidad de un menor que algún día será un ciudadano de nuestra provincia. Más el permanente reclamo de justicia para abusadores, violadores o criminales que actúan contra inocentes, en este caso una criatura de 3 años que podría haber sido sacado del hogar para vivir una vida mejor. Con toda esta serie de preguntas, seguiremos atravesando los días hasta que otro caso Alexis nos sacuda y nos interpele a la cara.

El último tema para reflexionar, es la gran cantidad de accidentes de tránsito que se producen a diario en Jujuy. De particulares, de colectivos, de transportes ilegales, legales, de traslados a docentes, entre otros. Por rutas mal señalizadas, mal iluminadas, por animales sueltos en las rutas, por la estado de los vehículos, por desidia y locura de los conductores o por falta de controles, diariamente los cientos de vehículos que ya existen en la ciudad capital y los que ingresan a la misma, colisionan y dejan cientos de muertos o heridos cuyas vidas nunca serán iguales.

Esta problemática creciente debe ser también tratada para que las rutas jujeñas dejen de estar plagadas con estrellas amarillas, en las que se pierden vidas de jóvenes en plena actividad social y económica.

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