La inteligencia artificial (IA) ha revolucionado la forma en que creamos y consumimos arte digital, con herramientas que permiten generar imágenes de altísima calidad en cuestión de segundos. Uno de los estilos más populares es el característico de Studio Ghibli, conocido por sus hermosos paisajes y personajes mágicos. Sin embargo, detrás de estas fascinantes creaciones hay un impacto ambiental poco conocido: el consumo de agua.
Cuando solicitamos a la IA que genere una imagen, los centros de datos que procesan estas solicitudes requieren enormes cantidades de energía para funcionar. Esta energía, al generar calor, demanda sistemas de refrigeración que, en su mayoría, utilizan agua. Según estudios recientes, cada imagen generada puede consumir entre 2 y 5 litros de agua, con un promedio estimado de aproximadamente 3,45 litros. Este consumo no solo afecta a la energía, sino también a los recursos hídricos del planeta.
Aunque el agua no se consume directamente por la IA, el proceso de enfriamiento de los servidores en los centros de datos implica el uso de grandes cantidades de agua, especialmente en regiones con crisis hídrica. Este impacto se convirtió en un tema de preocupación, ya que la demanda de IA continúa creciendo, lo que implica un aumento en el uso de recursos.
Para enfrentar este desafío, muchas empresas tecnológicas están adoptando soluciones más sostenibles, como el uso de energías renovables y sistemas de refrigeración más eficientes. Algunas incluso están explorando alternativas como el uso de aguas residuales tratadas en lugar de agua potable.




