El espíritu de la Quebrada y la Puna se hizo sentir más fuerte que nunca en el Festival Nacional de Folklore de Cosquín. La Casa de Jujuy, acompañada por el ritmo arrollador del grupo Coroico, la voz de la revelación susqueña Wara Calpanchay y la energía de Takiris, protagonizó un pasacalle que transformó el centro cordobés en un verdadero lunes de carnaval.
Entre diablos que tiraban talco, el aroma a albahaca y el retumbar de las cajas, los artistas jujeños invitaron a turistas de todo el país a sumarse a la fiesta. "El carnaval jujeño es encuentro, baile e identidad", expresaron desde la organización, resaltando que el objetivo fue contagiar la energía que solo se vive en nuestra provincia.
La jornada no terminó ahí: la fiesta se trasladó a la mítica Peña Salamanca, donde los presentes bailaron hasta el amanecer al ritmo de huaynos y sayas. Fue una noche donde Jujuy abrió sus brazos al mundo, dejando en claro que el carnaval ya se palpita y que el desentierro oficial está a la vuelta de la esquina.


