Irán y Nueva Zelanda, con Tim Payne, firmaron un 2-2 en el lunes de los empates en el Mundial
Nueva Zelanda e Irán protagonizaron un encuentro que, al menos en la previa, no figuraba entre los más atractivos de la jornada. Sin embargo, ambos seleccionados ofrecieron un partido dinámico, con llegadas de peligro y emociones hasta el final, que concluyó con un entretenido empate 2 a 2.
Más allá del resultado, gran parte de la atención estuvo puesta en el estreno mundialista de Tim Payne y en la presentación de Irán, una selección que volvió a estar bajo la lupa por el contexto sociopolítico que rodea al país asiático y que genera interés incluso fuera de lo estrictamente futbolístico.
Lo de Payne es un fenómeno difícil de comparar con cualquier otro caso reciente. En cuestión de semanas pasó de ser el futbolista con menos seguidores en Instagram entre los 1.248 participantes del Mundial a acumular cerca de seis millones. Impulsado por esa inesperada popularidad, el defensor fue titular en el regreso de Nueva Zelanda a una Copa del Mundo después de 16 años. Sin embargo, el lateral derecho, que había despertado una enorme expectativa entre los aficionados, tuvo una actuación discreta. Disputó 77 minutos, mostró algunas dificultades en defensa y aportó poco peso ofensivo.
La última participación de los All Whites había sido en Sudáfrica 2010, donde protagonizaron una curiosidad estadística: terminaron invictos. Empataron frente a Eslovaquia, Italia y Paraguay, pero los tres puntos obtenidos no fueron suficientes para superar la fase de grupos, por lo que se despidieron del torneo sin conocer la derrota.
Por el lado de Irán, su estreno en territorio estadounidense estuvo inevitablemente atravesado por un contexto político particular. Después de meses de tensiones con uno de los países coanfitriones a raíz de disputas vinculadas al Estrecho de Ormuz y al mercado petrolero, en las últimas semanas crecieron las versiones sobre una posible firma de un tratado de paz entre ambas naciones.
Aunque el fútbol suele intentar mantenerse al margen de este tipo de conflictos, la realidad es que la situación no pasa desapercibida para los futbolistas iraníes. Muchos de ellos conviven de manera directa o indirecta con las consecuencias de este escenario geopolítico, por lo que cada presentación de la selección adquiere una dimensión que trasciende lo deportivo. En ese marco, Irán salió al campo de juego con la presión habitual de un estreno mundialista y con la carga simbólica que implica representar a un país que sigue ocupando un lugar central en la agenda internacional.
Ahora sí, dejando de lado el contexto que rodeó al encuentro, vale la pena detenerse en lo que ocurrió dentro del campo de juego. Porque más allá de las historias que acompañaban a ambos seleccionados, Nueva Zelanda e Irán protagonizaron un partido intenso, con pocas interrupciones y situaciones de peligro en ambas áreas.
El primero en golpear fue Nueva Zelanda. A los siete minutos de juego, Chris Wood controló con gran calidad un envío largo y combinó con Sarpreet Singh. El enganche devolvió la pared para el delantero, que asistió de primera a Elijah Just. El extremo no dudó y sacó un potente derechazo que terminó en la red para establecer el 1 a 0.
La pausa de hidratación volvió a tener incidencia en el desarrollo del encuentro. Esta vez, la pausa pareció favorecer a Irán, que regresó mejor plantado y comenzó a encontrar espacios. Pasada la media hora de juego, Ramin Rezaeian fue a buscar una pelota que parecía perdida dentro del área y aprovechó la indecisión de Max Crocombe en la salida. Con gran serenidad, el experimentado defensor definió con precisión para firmar el 1 a 1 y convertir, a los 36 años, su segundo gol en una Copa del Mundo -había anotado en Qatar 2022 contra Gales-.
Y si la primera etapa había sido entretenida, el complemento fue todavía mejor. Nueva Zelanda volvió a golpear con la fórmula que más rédito le dio durante toda la noche. Chris Wood participó de la jugada y asistió a Elijah Just, que definió con categoría para marcar su segundo gol del encuentro y quedar, de manera provisoria, como máximo artillero del torneo junto al alemán Kai Havertz, el sueco Yasin Ayari y el estadounidense Folarin Balogun.
Pero Irán tenía una respuesta más. Rezaeian, una de las grandes figuras del equipo asiático, envió un centro venenoso desde la banda derecha que encontró la aparición de Mohammad Mohebi. El delantero ganó en las alturas y conectó un preciso y potente cabezazo que dejó sin opciones a Crocombe para decretar el 2 a 2 definitivo.
En el día de los empates, el último encuentro de la jornada no fue la excepción. Tras el 1 a 1 entre Bélgica y Egipto en el primer turno, el Grupo G quedó completamente igualado y sin diferencias entre sus integrantes más allá de que iraníes y neozelandeses tienen un gol más a favor. La segunda fecha asoma como un punto de inflexión para empezar a definir el panorama.
Irán enfrentará a Bélgica el 21 de junio desde las 16. Mientras que ese mismo día, pero a partir de las 22, Nueva Zelanda se medirá ante Egipto.