Los caramelos son una marca registrada de Rodrigo De Paul. Antes de los partidos, el mediocampista de la Selección Argentina suele llevarlos consigo como parte de una cábala que lo acompaña desde hace años. Sin embargo, detrás de ese hábito hay una historia familiar cargada de emoción y sacrificio.
Fue Mónica Ferrarotti, la mamá del futbolista, quien reveló el origen de esa tradición durante una entrevista con la periodista Maite Peñoñori. Allí contó que todo comenzó cuando Rodrigo era apenas un chico y su abuelo lo llevaba a entrenar.

“Los caramelos quedaron por el abuelo. Cuando mi papá lo llevaba a entrenar, le dejaba unas monedas para que él se compre en el buffet los caramelos masticables”, recordó.
El gesto parecía uno más entre tantos de un abuelo con su nieto. Sin embargo, con el paso del tiempo, De Paul descubrió que esas monedas tenían un valor mucho más profundo.
“Durante muchos años, Rodrigo nunca supo que esas monedas que le daba a él eran las monedas del viaje. Mi papá se volvía a la casa caminando y le daba esas monedas para que él se compre los caramelos cuando iba a entrenar”, reveló Mónica.
Aquel sacrificio quedó grabado para siempre en la memoria del campeón del mundo. Lo que para él era simplemente un dulce antes de practicar fútbol, en realidad representaba el enorme esfuerzo que hacía su abuelo para acompañarlo en su sueño.
La cábala que mantiene vivo el recuerdo con su abuelo
Con el paso de los años, los caramelos dejaron de ser una simple golosina para transformarse en un símbolo de ese vínculo familiar. Hoy, cada vez que Rodrigo De Paul los lleva y se los come antes de un partido, también recuerda y honra la memoria de su abuelo.
“Le quedó como un gesto especial, como un sacrificio especial que hacía su abuelo por él. Mi papá nunca lo pudo ver debutar en Primera ni en la Selección, pero desde donde esté, lo ve”, expresó su madre durante la entrevista.
Según contó, el futbolista suele repetir una frase que resume el lugar que ocupa su abuelo en su vida: “El abuelo me ayuda, el abuelo me ayudó”.
Más allá de los títulos obtenidos con la Selección argentina y de su exitosa carrera en Europa, Rodrigo De Paul mantiene intacta esa cábala que nació en la infancia y que en la actualidad representa un homenaje permanente a uno de los grandes pilares de su vida.

