En la previa del encuentro, el combinado iraní realizó un gesto que fue interpretado como una señal vinculada a la situación política de su país. Durante los actos protocolares, las jugadoras y el cuerpo técnico permanecieron en silencio y no entonaron el himno oficial.
El episodio se produjo días después de la muerte del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jameneí, quien estuvo al frente de la República Islámica durante 37 años, junto a otros integrantes de la cúpula gobernante.
En la conferencia de prensa previa al debut, la entrenadora Marziyeh Jafari evitó referirse de manera directa a la situación interna que atraviesa su país. Ante la consulta de un periodista sobre cómo impacta el contexto político en el plantel, la seleccionadora respondió: “Creo que no deberíamos hablar de estos temas en este momento; nuestro equipo ha llegado aquí para disputar este torneo, que es muy importante para las mujeres”. La técnica estuvo acompañada por una futbolista y una integrante del cuerpo técnico, quienes tampoco realizaron declaraciones sobre el tema.
En lo estrictamente deportivo, el equipo iraní cayó 3-0 frente a Corea del Sur en el partido disputado en la ciudad de Perth. Ahora, las asiáticas se preparan para enfrentar a Australia el jueves y a Filipinas el domingo, en busca de sus primeros puntos en el certamen.
La clasificación de Irán a la Copa Asiática Femenina —la primera desde 2002— fue destacada por organizaciones que promueven la igualdad de género. En ese país, las mujeres enfrentan restricciones legales y sociales, entre ellas la obligatoriedad del uso del velo en espacios públicos, una normativa que ha sido objeto de cuestionamientos tanto dentro como fuera del territorio iraní.