Elisabeth Amat

La importancia de la identidad nacional en la educación

Con la apertura del ciclo escolar, los chicos volvieron a cargar las espaldas con las mochilas, mientras los padres empezamos esa carrera de obstáculos para que lleguen a tiempo a sus obligaciones. No sólo a las de la escuela sino a las deportivas, recreativas y el plus del segundo idioma, que para muchos, resulta un intenso esfuerzo, no sólo para el intelecto sino también para los bolsillos. Son en esos ratos, en esas caminatas apuradas antes de llegar a destino, cuando se abre el pliego de preguntas que parecen salir de una galera que esperaba el momento perfecto para escupirlas.

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05-04-2018

Mamá, ¿te eligieron muchas veces en tu colegio para izar la bandera?, me preguntó Isabel, con su mirada incisiva de seis años.

- Nunca. ¿Sabes por qué? Porque en Barcelona ningún niño iza ni canta a las banderas catalanas ni españolas.

- Pero, mamá, y ¿cómo aprendiste cuáles eran los colores de tu bandera? Y... ¿cómo aprendiste a quererla?

¡Qué gran pregunta! Parece mentira que una rutina tan inmersa en sociedades como la argentina, para otros sea una costumbre de vieja data, mal identificada con la escuela militar y no con la de los ciudadanos de a pie.

Esas son las cosas lindas que tiene este país. El amor por sus colores, por su tierra... por sus símbolos. Un patriotismo que en el otro lado del charco perdimos hace mucho tiempo y que últimamente lo han acabado de enterrar con pésimas políticas egoístas. Sé que el amor a la patria mal llevado se ha convertido en muchos dolores mundiales... pero yo no hablo de esa mirada por encima del hombro hacia los demás... No.

Hoy quiero ponderar esas camisas que orgullosas muestran la insignia albiceleste; de esos maestros que reprenden a sus alumnos cuando murmullan o mascan chicle cantando al paño nacional. Con estas líneas digitales, me gustaría brindar homenaje a aquellas madres que inculcan con historias y leyendas la necesidad de superarse cada día como pueblo... A todos aquellos padres que visten de negritos, caballeros y damas antiguas a sus hijos y les compran la bandera para alentar a su equipo nacional... aunque últimamente las victorias sean escasas. Son pequeños elementos que hacen al argentino. Ese que en los asados puede criticar a sus políticos pero cuando un extranjero osa hablar mal de ellos, puede saltarle a la yugular.

El argentinismo es ese sentimiento que sale del corazón desde el momento en que empezó a latir porque se le enseñó a amar a la tierra que le vio parir.

Y es este patriotismo positivo, el que le debe ganarle la contienda a una globalización que avanza poderosamente, porque en la diferencia radica la esencia de cada uno. Y para ello, tendríamos que rescatar esas pequeñas anécdotas que escribieron la letra pequeña de los libros pero que sin ellas, Argentina no sería la misma... Rebanadas de historia como la de los granaderos que siguen custodiando a San Martín. Esta tradición se remonta a mayo de 1880 cuando a bordo de un vapor llamado Villarino los restos del Gral llegaban a la capital porteña. Entonces, los últimos siete Granaderos de su ejército decidieron vestirse con sus viejos uniformes y, por iniciativa propia, fueron a caballo a recibir a su jefe. Escoltaron el féretro hasta la Catedral y allí montaron guardia en la entrada del mausoleo durante toda la noche, sin que nadie se lo pidiera. Héroes anónimos como tantos otros... De este modo, quisieron honrar a su líder, iniciando esa costumbre que en pleno siglo XXI sigue en vigencia.

Esos son los encantos de la Argentina que no deben perderse... Ojalá, los padres de hoy, sepamos seguir inculcándoles el patriotismo que levantó una gran nación que todavía le queda mucho por escribir.

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