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A 30 años de un escándalo histórico: cuando Madonna revolucionó el país con "Evita"

Hubo desde amenazas de muerte y pintadas en contra, hasta una cena con pizza y seducción para quedarse con el balcón de la Rosada

A 30 años de un escándalo histórico: cuando Madonna revolucionó el país con "Evita"

Somos Jujuy por Somos Jujuy | 19-01-2026 12:24

Parece que fue ayer, pero ya pasaron tres décadas de un enero que quedó grabado en la memoria de todos los argentinos. En 1996, Madonna aterrizaba en Buenos Aires para ponerse en la piel de Eva Perón y el país se dividió en dos: los que la amaban y los que no la querían ver ni en figuritas.

Apenas puso un pie en Ezeiza, la cantante se encontró con un clima caldeado. Las paredes de la autopista y las plazas estaban empapeladas con grafitis que decían: “¡Viva Evita! ¡Fuera Madonna!”. El peronismo más ortodoxo no quería saber nada con que la estrella pop interpretara a la "Abanderada de los Humildes".

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Grafitis, Buenos Aires 1996

La cosa no quedó solo en pintadas. Hubo manifestaciones en la puerta de su hotel, amenazas de muerte y hasta le gritaban "asesina" en la calle. En su diario personal, que después salió a la luz, Madonna contaba que no podía dormir por los gritos de la gente.

El rodaje fue una verdadera locura. En una de sus salidas, la marea humana fue tal que Madonna perdió un zapato Versace y a su auto se le subió una fanática al techo. La situación era tan tensa que la producción empezó a usar una doble para engañar a los movileros y fotógrafos, lo que generó accidentes y más bronca todavía en la prensa de chimentos.

El "juego de seducción" por el balcón

El gran conflicto era el uso de la Casa Rosada. El director Alan Parker quería filmar sí o sí en el balcón original, pero el Gobierno se lo tenía prohibido. Fue ahí donde Madonna sacó a relucir todo su carisma. Madonna necesitaba el balcón. Ella sabía que la escena se potenciaría si cantaba No llores por mí, Argentina mirando a la Plaza frente a una multitud.

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El director Alan Parker, Antonio Banderas, el entonces presidente Carlos Menem, Madonna, Zulemita Menem y Jonathan Pryce

Una noche Constancio Vigil, dueño de Editorial Atlántida y de Telefe, y amigo personal de Menem, cenó con ella. Vigil llegaba como una especie de intermediario. Después de la velada quedaron en volver a juntarse. Al segundo encuentro Vigil llegó con un mensaje alentador. Menem estaba dispuesto a conocerla. Pero sería en privado, sin prensa.

Se concretó una cena con el entonces presidente Carlos Menem. Entre pizzas y charlas, cuentan que hubo un "juego de seducción" mutuo. La ambición de la artista y la personalidad del riojano conectaron. ¿El resultado? Al poco tiempo, Madonna consiguió el permiso especial y pudo filmar la emblemática escena de "No llores por mí Argentina" desde el balcón más famoso del país.

Madonna relató "Me dijo que tenía el mismo aspecto que Evita, a la que él conoció de joven. No me quitaba los ojos de encima. Nos trajeron champagne y caviar. Esos hombres sospechosos seguían a Menem a todas partes; parece que están enamorados de él. Lo agarré mirándome el bretel del corpiño que asomaba por el vestido. Lo hizo toda la tarde y clavaba sus ojos osadamente en mí...”.

Cuando ya estaban en confianza, Madonna se animó a hacer su pedido. Quería filmar en el balcón de la Casa Rosada. Menem se rio y, por primera vez, no negó. “Todo puede ser”, dijo. Y la invitó a cenar. Al terminar, Menem la acompañó hasta el helicóptero: “El presidente tomó mi cara entre sus manos, me besó en la mejilla y me deseó buena suerte. Volvimos a la ciudad y me sentí flotar en el interior de la cabina. Sin duda, me había embrujado. Tan solo esperaba haber hecho lo mismo con él”, escribió Madonna.

El sábado 9 de marzo de 1996, frente a cuatro mil extras, Madonna salió al balcón como Eva Perón y cantó la famosa canción. Fue una de sus noches más intensas como actriz.

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Madonna como Evita

Una mujer decidida

A pesar de que desde Estados Unidos le pedían que se volviera por seguridad, ella no dio el brazo a torcer. Se sentía identificada con la historia de Eva, ambas habían llegado a la gran ciudad sin un peso y lucharon hasta llegar a lo más alto.

Una semana después, el 16 de marzo, se subió a un avión y volvió a Estados Unidos. La Evita de Madonna y Alan Parker se estrenó a fines de 1996 (en Argentina recién en febrero de 1997). Las críticas fueron mixtas.

En Argentina, mientras tanto, se estrenó una biopic de Eva Perón, financiada por políticos y empresarios peronistas, dirigida por Juan Carlos Desanzo con guión de José Pablo Feinmann. Una especie de hagiografía fílmica que pretendía mostrarse como contrapartida de la súper producción de Hollywood. Cuando le preguntaron a Alan Parker si la había visto respondió: “Sí, por supuesto. Es un esmerado telefilm”.

Evita recibió varias nominaciones a los Globos de Oro. Ganó el de Mejor Musical, mejor director y Madonna se impuso como mejor actriz. También tuvo cinco nominaciones a los Oscars (sólo obtuvo el de mejor canción original, la única escrita exclusivamente para el film, You Must Love Me). Recaudó más del triple de su presupuesto, casi 160 millones de dólares; y la banda de sonido vendió más de 11 millones de copias en todo el mundo.

Hoy, a 30 años de aquel rodaje, la anécdota sobrevive como uno de los momentos más bizarros y fascinantes de la cultura pop en suelo argentino.