La muerte de Carlos “Indio” Solari paralizó al país este viernes 5 de junio y, en medio del dolor generalizado de millones de fanáticos, todas las miradas se posaron de inmediato sobre una figura clave: Skay Beilinson.
A pesar de haber mantenido una fría y comentada distancia durante más de dos décadas por diferencias profesionales, el golpe del fallecimiento de su histórico compañero de escenarios caló hondo en el músico. Skay utilizó sus plataformas digitales oficiales para dedicarle unas palabras cargadas de emoción a quien fuera su gran alter ego artístico: "Sos la luz que viaja con nosotros. Adiós, mi querido amigo y hermano", rezaba el texto que rápidamente se volvió viral y desató las lágrimas de las huestes ricoteras.

En sintonía con este profundo pesar, el emblemático violero decidió suspender de manera inmediata el concierto que su banda, Skay y Los Fakires, tenía programado para este fin de semana. Desde su entorno confirmaron que el artista no se encuentra con los ánimos para subirse a un escenario tras la pérdida del hombre con el que revolucionó el rock nacional de punta a punta.

El detrás de escena de una distancia de 25 años
La partida del Indio inevitablemente trae a la memoria la separación de la banda en 2001 y el mito urbano que rodeó su distanciamiento. Durante años se especuló en los pasillos de la música con supuestos conflictos personales o celos por el liderazgo, pero los propios protagonistas se encargaron de dejar en claro que la ruptura jamás estuvo vinculada a una disputa por una mujer ni a peleas sentimentales.

El verdadero quiebre se produjo por diferencias netamente profesionales y financieras. El punto de no retorno fue la custodia del archivo audiovisual de Los Redondos (las grabaciones en audio y video de los multitudinarios recitales de los años 90). El Indio Solari reclamaba que ese valioso material histórico debía ser repartido y custodiado por copias iguales, mientras que Skay y la "Negra" Poly ( mítica mánager del grupo y pareja del guitarrista) decidieron mantener las cintas originales bajo llave en su poder para proteger el legado.
Esa desconfianza mutua por los derechos de la obra colectiva agrietó la relación y provocó un silencio que duró casi 25 años, pero que hoy quedó sepultado bajo el respeto y el amor de dos hermanos que cambiaron la historia de la música argentina para siempre.



