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Carnaval a pleno en Jujuy: el color de los fortines y la mística de los rituales

Entre la "vacuna" para espantar penas y los bastoneros, la provincia vive hoy el apogeo del Carnaval Grande en un despliegue de tradición y alegría colectiva

carnaval
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Somos Jujuy por Somos Jujuy | 15-02-2026 09:20

Jujuy atraviesa este domingo el punto de mayor efervescencia de su calendario cultural. Con el Pujllay ya liberado, las calles de la Quebrada, los Valles y la Puna se transforman en un escenario donde las jerarquías sociales desaparecen bajo una capa de talco.

El epicentro de la jornada se traslada a los patios y salones, donde los históricos "fortines" abren sus puertas para recibir a miles de carnavaleros. Estos espacios, especialmente populares en Tilcara, son el corazón de la vivencia comunitaria del Carnaval Grande.

Tradición y reglamento fortinero

Los fortines son organizados por familias tradicionales que transforman sus hogares en centros de festejo. Para ingresar, los asistentes abonan una "tarjeta" que incluye un menú netamente regional: asado, picante, locro, empanadas y el infaltable queso de cabra.

El ritual de ingreso es estricto y simbólico. Cada persona es recibida con la "vacuna", un cóctel de bebidas alcohólicas y dulces. Este brebaje tiene como fin "inmunizar" al visitante contra la envidia, los celos y la tristeza, dejando paso únicamente a la alegría.

Una vez adentro, se procede a la lectura del reglamento del fortín. Durante estas horas, el orden cotidiano queda suspendido para dar lugar a lo extraordinario, un estado de conciencia necesario para conectar con el espíritu de la fiesta.

El bastonero y el "fusilamiento"

La figura máxima de autoridad en estos encuentros es el bastonero. Su misión es dirigir el baile y asegurar que el entusiasmo no decaiga en ningún momento, imponiendo pasos y coreografías a los presentes.

Quienes incumplen las normas o se muestran inhibidos sufren el "fusilamiento". Este castigo consiste en obligar al infractor a beber un vaso de vino o una preparación especial frente a todos, sentado en el lugar más visible del salón.

Bajo el mando del bastonero, la música carpera y los carnavalitos suenan incesantes hasta la puesta del sol. En este clima, el hombre y la mujer jujeños se sienten libres para expresar sus alegrías y penas a través de las coplas.

El código sagrado de la albahaca

En el paisaje humano de hoy, el aroma a albahaca es omnipresente. Esta planta sagrada actúa como un símbolo de aceptación del festejo y posee un código de comunicación no verbal que todos respetan.

Según la tradición, si una persona lleva el ramito en la oreja izquierda, indica que es soltera. En cambio, si la albahaca se coloca detrás de la oreja derecha, señala que está casada o comprometida.

A la par, el juego con talco y harina cumple la función de borrar las diferencias externas. Al cubrirse el rostro de blanco, los individuos se convierten en una masa homogénea de alegría, permitiendo que el abrazo entre desconocidos sea genuino.

Recomendaciones oficiales

Mientras los Valles viven el pulso de los corsos y el Carnaval de Ciudad Cultural, el Gobierno de Jujuy recuerda que rige la Ley de Tolerancia Cero al alcohol para conductores. Se recomienda designar a un conductor responsable o utilizar transporte público.

Desde el Ministerio de Ambiente se insta a no arrojar residuos en la vía pública ni dañar la flora autóctona. El respeto por los lugares sagrados y el consentimiento en los juegos con espuma son las reglas básicas para cuidar el Carnaval.

La jornada de hoy cierra un fin de semana de intensidad mística, preparando el terreno para el Lunes de Señalada y el Martes de Chaya, donde la gratitud a la Pachamama volverá a ser protagonista.

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