Con el Decreto publicado en el Boletín Oficial el día de ayer, Jujuy habilitó al Ente de Administración de Zonas Francas a iniciar el llamado a Licitación Pública Nacional e Internacional para la concesión de la Zona Franca de La Quiaca. No es un anuncio más: es una señal institucional para reactivar un proyecto que tuvo intentos fallidos. Esta vez, la clave es política y estratégica: pragmatismo por encima de ideologías, alineamiento Provincia-Nación y la tenacidad del intendente Dante Velázquez para convertir a La Quiaca en un pivote de desarrollo para Jujuy y todo el NOA.

El NOA aprendió, a fuerza de golpes, que el subdesarrollo no siempre es falta de recursos: muchas veces es falta de decisión, de coordinación y de ejecución sostenida. Por eso, cuando un Boletín Oficial deja de ser papel y se convierte en palanca, conviene leerlo con mirada estratégica. La autorización para llamar a licitación por la Zona Franca de La Quiaca no es un trámite: es una oportunidad para reposicionar a Jujuy como puerta de integración productiva del Norte argentino.
En tiempos de incertidumbre nacional, donde se discuten reformas que pueden redefinir el mundo del trabajo, el NOA no puede quedar atrapado en debates estériles. Aquí no hay margen para relatos que dividen: hay margen para resultados. Y la Zona Franca, bien diseñada y bien administrada, es un instrumento de resultados: genera logística, activa servicios, atrae inversiones, formaliza comercio, crea empleo y vuelve competitivas cadenas productivas que hoy pierden por costos, distancias e intermediaciones.
La Quiaca no es cualquier punto del mapa. Es frontera, sí, pero sobre todo es nodo. Nodo cultural, nodo comercial, nodo de tránsito real. Un lugar donde históricamente se intercambió valor, mercadería, cultura y trabajo. La pregunta ya no es si “la frontera puede”, sino si el Estado y el sector privado van a tener la madurez de convertir ese potencial en arquitectura económica. Porque una Zona Franca no se sostiene con entusiasmo: se sostiene con reglas claras, infraestructura, control, transparencia y un plan de negocios que no sea fantasía.
Y acá hay que decirlo sin rodeos: hubo intentos que fracasaron. No por falta de discursos, sino por falta de continuidad, de consensos y de conducción persistente. Por eso el valor diferencial de esta etapa es el factor humano-político: la tenacidad del intendente Dante Velázquez y la convicción de que La Quiaca no pide privilegios; pide herramientas para competir. Esa insistencia, sostenida en gestión y en visión territorial, es lo que puede cambiar el destino de un expediente y transformarlo en realidad operativa.
Ahora bien: para que esto sea fundante, Provincia y Nación tienen que coincidir en lo esencial. Coincidir no significa pensar igual: significa priorizar un mismo objetivo. Y el objetivo es simple y poderoso: aliviar presiones económicas en el NOA creando un polo que ordene flujos comerciales, baje costos, diversifique oferta, habilite agregado de valor y abra una ventana de desarrollo en un territorio que no puede seguir esperando que “derrame” algo desde el centro.
El pragmatismo es la consigna. Pragmatismo para definir el perfil de la zona franca con inteligencia (comercio exterior e industria, y donde corresponda, dinamismo minorista bajo reglas), pragmatismo para exigir un concesionario serio, con espalda y experiencia, pragmatismo para integrar a pymes locales, logística regional, producción jujeña y cadenas del NOA. Y pragmatismo para blindar el proyecto de la pelea corta: esto no es de un partido, es de una región.
La Quiaca puede ser mucho más que un límite geográfico: puede ser una terminal estratégica para cadenas productivas del NOA, una plataforma de servicios y una puerta de competitividad real. No es magia; es método. Y el método empieza con algo que hoy ya existe: un marco formal que habilita el llamado, un actor municipal empujando, y una provincia que decidió poner el tema en primera línea.
Si el NOA quiere jugar en la nueva economía, necesita decisiones que se midan en obras, empleo y movimiento. La Zona Franca de La Quiaca no es el final del camino: es el inicio de una etapa. Y como toda etapa fundante, exige una sola cosa: unidad operativa. Menos bandera y más tablero. Menos consigna y más ejecución. Menos ideología sesgada y más resultados que se puedan tocar.