Con las nuevas restricciones para tratar de frenar la segunda ola de contagios por coronavirus, en la Casa Rosada son conscientes de que los problemas en distintos sectores económicos y sociales pueden resurgir o agravarse, aunque no en la magnitud evidenciada durante la cuarentena dura del inicio de 2020.
Por eso, confían, no será necesaria la implementación de los programas de asistencia tan generalizados como fueron el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), que en tres cuotas cubrió a 9 millones de personas, y el Asistencia a la Producción y al Empleo (ATP) -que pagó la mitad de los sueldos de hasta 2,5 millones de trabajadores del sector privado en el peor bimestre de la pandemia.
Esos planes respondieron a una parálisis que afectó al 80% de la actividad en todo el país, algo que en los despachos oficiales recalcan esta lejos de lo que se viene en la nueva etapa para frenar la segunda ola de contagios.
Fernández como sus principales funcionarios suelen explicar que el IFE fue una herramienta que sirvió en el peor momento de la cuarentena y permitió visualizar a más de 5 millones de personas que “se habían caído del sistema”.
Insisten en que las condiciones no son las mismas que un año atrás y que con los meses transcurridos se aprendió de la experiencia. Así, indican, se logró determinar lo heterogéneo entre los grupos que accedieron a algunas de las 3 ediciones del IFE, que pagaba $10.000 cada vez.
Fuente: Todo Noticias