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Bienvenido 2020: agradecer todo lo aprendido

Columna de opinión de Candy Moreno.

Cuando llega el mes de diciembre los seres humanos nos sentimos diferentes, raros, a veces más comprometidos con las personas que están a nuestro lado, ahora bien, pienso que podríamos hacer el intento de reencontrarnos con nuestro ser interno, que a esta altura del año, está muy agotado de tanto cumplir tareas cotidianas y rutinas inciertas.

Entre viajes relámpago, colectivos despintados y bocinazos de autos apurados llega el último día del año y algunos nos damos cuenta que en nuestra vida cumplimos con los otros, con los de afuera, y nos olvidamos que debemos estar orgullosos de nosotros, porque cada día del año que pasó, frente a cada problema y ante cada caída nos levantamos en nuestra versión cotidiana con más impulso, con más fuerzas y arremetemos valientemente con la convicción de ser los vencedores en la carrera de esta vida.

Generalmente somos muy severos con nosotros mismos, no tenemos compasión por nuestra alma, ni tenemos en cuenta que somos solo humanos en un estado de perfección constante. Tantas veces cometimos errores sin intención e ignoramos que merecemos el perdón, así como que tenemos la obligación de perdonar al otro, ahora bien tengamos en cuenta que cuando perdonamos a alguien el principal beneficiario es uno mismo, ya que nos liberamos de la pesada carga del rencor y eso nos permite viajar livianos en el tren de la vida.

Época de balance, de pararnos en la vereda del frente, y no obstante haber tenido miles de fallas, es el tiempo de darnos un abrazo y felicitarnos por todo lo realizado, por los desaciertos, por los intentos fallidos, por la actitud valiente que le pusimos a cada situación, por las veces que salimos derrotados y terminamos con el alma rota y el corazón en la mano.

Por todo esto levantemos la copa de la vida y brindemos con los que están, con los que se fueron de nuestra existencia, con los que viajaron a las estrellas pero nos guiñan un ojo, y primordialmente con esa persona que nos mira desde un espejo cualquiera y que parada en la cima del martes 31 nos abrazará para calmarnos y decirnos que tenemos el poder de ser felices, de cambiar nuestra óptica abriendo la lente para que entre suficiente luz a nuestra alma, iluminándonos por dentro, haciéndonos comprender que el sol sale todas las mañanas; por lo que intentemos cerrar ciclos, poniendo los puntos finales que sanan el alma, sabiendo que aún hay vida en los sueños y que sin duda alguna cumpliremos en el “Nuevo año 2020”… SALUD, PAZ Y AMOR…

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