Opinión
COLUMNA DE OPINIÓN

Carlos Sadir: pragmatismo, y la búsqueda de una tercera vía

Opinión de Andrés Mendieta
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Andrés Mendieta 03-08-2025
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Carlos Sadir, gobernador de Jujuy, encarna las complejidades del proyecto Grito Federal. 

Contador público formado localmente y exministro de Hacienda, Sadir representa un perfil técnico más que ideológico. Su gestión destaca por un enfoque en el desarrollo de la provincia, y por mantener alianzas transversales, con gobernadores peronistas (Jaldo en Tucumán, Sáenz en Salta) para exigir al gobierno nacional una atención más equitativa hacia el Norte Argentino. Además, participa activamente en el Corredor Bioceánico de Capricornio, que busca integrar economías regionales de cuatro países.

Grito Federal, insiste en su posición "fuera de la trinchera", pero sus acciones revelan matices significativos. En economía defienden el equilibrio fiscal como un "esfuerzo innegociable", pero simultáneamente exigen obras de infraestructura para el interior productivo, distanciándose así del ajuste "sin contrapartidas" propuesto por el gobierno de Milei. 

Sus alianzas son deliberadamente flexibles, integrando a peronistas no kirchneristas como Llaryora, radicales como el propio Sadir o Valdés, y conservadores como Vidal, buscando acumular peso legislativo para condicionar leyes clave como el presupuesto 2026. 

Priorizan una agenda propositiva basada en proyectos de consenso, el reparto de fondos ATN, la eliminación de fideicomisos y la reactivación de obras en rutas y energéticas.

Sin embargo, las contradicciones persisten dentro del movimiento. Apoyaron inicialmente la Ley Bases de Milei, pero hoy critican abiertamente sus consecuencias en las provincias. 

Reclaman "dejar atrás el pasado", pero dependen de figuras del establishment como Juan Schiaretti.

El verdadero examen para Grito Federal no es su retórica antipolarización, sino su capacidad para construir una identidad nacional, ya que hoy su influencia se concentra principalmente en el noroeste y la Patagonia, con escasa penetración en la crucial provincia de Buenos Aires, donde negocian con figuras menores como los Passaglia o Graciela Ocaña. 

Deben resolver tensiones programáticas fundamentales, como equilibrar la disciplina fiscal con demandas sociales urgentes. 

Además, enfrentan el desafío de evitar replicar viejas prácticas, ya que su estructura aún depende de operadores tradicionales y redes provinciales heredadas.

Grito Federal es síntoma del malestar del interior ante un gobierno central que recorta recursos, pero interviene políticamente. 

Carlos Sadir, encarna sus promesas, el pragmatismo, la gestión técnica, el diálogo transversal, pero también personifica sus límites, el regionalismo, las contradicciones internas y la falta de una base programática sólida y cohesionada. 

Su éxito no se medirá por eslóganes, sino por su habilidad para convertir el "grito" en una gobernabilidad estable que supere la lógica amigo/enemigo. 

En un país profundamente fracturado, incluso un intento titubeante de moderación merece observarse. 

Pero solo si demuestran que su federalismo no es un simple rebranding de viejas políticas, sino un camino genuino hacia instituciones que prioricen soluciones concretas sobre trincheras ideológicas, entonces así podrán reclamar con legitimidad el título de una "tercera vía".