Opinión

¿Juntos o amontonados? La agonía de un "cambio" que no acepta libertad

Opinión de Claudia Figueroa
Opinión de Claudia Figueroa - Jueves 14 de mayo de 2026 redes
Claudia Figueroa 14-05-2026
Compartir

Muchos de los cálculos políticos en Argentina hoy dependen del calendario mundialista. En la Rosada, la esperanza es que el reloj vuele para que la pelota ruede y funcione como el tanque de oxígeno que la gestión necesita para sobrevivir. Entre una oposición que despertó y un Gabinete que ve cómo la figura de Manuel Adorni desdibuja los pocos logros alcanzados, el oficialismo reza por el anestésico nacional del balón.

La propia Patricia Bullrich admitió —en un sincericidio que hiela la sangre— que el presidente Milei posee una "emocionalidad importante". Una forma elegante de decir que el timón del país está en manos de impulsos y gritos desmesurados. A esto se suma el "manual de distancia" de Mauricio Macri. El líder del PRO se cansó de ser el soporte silencioso y lanzó un certificado de defunción para la obediencia ciega: acompañar el cambio no es aplaudir todo. De ser aliados estratégicos a ser espectadores de un naufragio: esa es la nueva grieta del poder.

Mientras tanto, la "palabra empeñada" de Diego Santilli se devaluó más que el peso. Luego de la poda salvaje de obras públicas que ordenó Milei a Chubut, Entre Ríos, Tucumán, Río Negro y Santa Fe, además de Catamarca, Salta y Chaco, esos gobernadores se quedaron mirando promesas vacías. No hablamos de lujos ni excentricidades, sino de acueductos, plantas potabilizadoras y obras para agua potable, además de rutas que fueron la moneda de cambio para aprobar el Presupuesto 2026. Santilli negoció en el aire: el Ejecutivo se quedó con las leyes y las provincias se quedaron con la sed. Y ahora, con el desparpajo de quien no debe nada, pretenden que esos mismos gobernadores acompañen la derogación de las PASO. La desconexión es total.

Como si el frente federal no estuviera incendiado, el Congreso se perfilaba como un coliseo para este jueves. Sin embargo, en un giro de último momento, la sesión para tratar la Moción de Censura contra Adorni fue suspendida. La falta de apoyo de los legisladores que responden a los gobernadores dejó a la oposición sin el "número mágico" de los 129 votos. Al final, parece que el Gobierno sobrevive otra jornada, no por mérito propio, sino porque el toma y daca con las provincias sigue siendo la única balsa en medio del naufragio. Pero cuidado: que no haya sesión no borra las acusaciones de enriquecimiento ilícito y contrataciones dudosas que ya quedaron flotando en el aire. Es apenas un respiro en una debilidad que ya es terminal.

El Gobierno camina por el filo de la navaja. Atrapados entre una microeconomía que le da la espalda a la gente y escándalos que brotan como hongos, el Presidente pierde el control del relato. El interrogante queda flotando en un clima de incertidumbre total: ¿Qué pasaría con el ya golpeado orgullo oficial si Adorni es eyectado por el Poder Legislativo? La política argentina tiene hoy un ritmo mucho más frenético y peligroso que cualquier final de copa. Para este Gobierno, el silbato inicial de la justa deportiva todavía se siente a una eternidad de distancia.