Opinión

Cuando la Selección juega, hasta el sol entra en la cuenta de la demanda eléctrica

Cada partido de Argentina dibuja la misma curva en el consumo eléctrico nacional: la célebre "W". Pero el horario de cada encuentro decide algo más: cuánta de esa demanda se cubre con energía limpia. Contra Egipto, con sol de mediodía, la cifra llegó casi al 25%
futbol nestor aguirre
Néstor Aguirre 11-07-2026
Compartir

El 7 de julio de 2026, mientras la Selección Argentina enfrentaba a Egipto en octavos de final del Mundial, en un estadio de Atlanta, a más de 8.000 kilómetros de distancia ocurría algo que casi nadie relaciona con el fútbol: la demanda eléctrica de todo el país empezó a caer. CAMMESA, la compañía que administra el mercado eléctrico mayorista argentino, lo registró con precisión de minuto: desde el inicio del partido hasta el entretiempo, la demanda nacional cayó cerca de 2.000 megavatios en poco más de una hora.

Para dimensionar esa cifra: 2.000 MW es aproximadamente lo que consume una ciudad mediana argentina en su punto de mayor demanda. Esa energía no se perdió ni se ahorró, simplemente no se consumió, porque millones de personas dejaron de cocinar, de planchar, de usar el lavarropas o el termotanque durante esos 90 minutos, concentradas en la pantalla.

Cuando Argentina juega, no solo se paraliza el país en las calles. Se paraliza, de forma medible y predecible, el consumo eléctrico nacional. Y del otro lado hay un sistema entero preparado para sostener ese vaivén sin que se note.

La curva que cuenta el partido sin necesidad de verlo

El informe de CAMMESA sobre el partido contra Egipto permite reconstruir, con datos de potencia, cada momento clave del encuentro sin haber visto un solo minuto de transmisión. Desde el inicio a las 13:00 hasta el entretiempo a las 13:51, la demanda cayó sostenidamente, unos 2.000 MW acumulados. Apenas empezó el entretiempo, la curva se invirtió de golpe: +600 MW en solo 12 minutos, el efecto directo de millones de personas yendo simultáneamente a la cocina, al baño o a poner la pava.

Reanudado el segundo tiempo, la demanda volvió a caer con la misma lógica: 1.850 MW menos en una hora, mientras la atención colectiva volvía a concentrarse en la pantalla. Cuando el árbitro pitó el final, a las 15:07, la demanda repuntó 1.100 MW en los siguientes 60 minutos, en lo que se conoce en el sector como "efecto rebote": la rutina doméstica que se había puesto en pausa se reactiva toda junta.

Es una curva que se repite con el mismo patrón en cada partido importante de la Selección: caída sostenida durante el juego, pico abrupto en el entretiempo, nueva caída en el segundo tiempo, repunte al final. El comportamiento colectivo de una población entera, escrito en megavatios.

Lo que nadie ve: la ingeniería que sostiene el equilibrio

Estas variaciones no son un problema menor para quien opera el sistema. Una red eléctrica necesita mantener en todo momento el equilibrio entre lo que se genera y lo que se consume. Si la demanda cae 2.000 MW en una hora y el sistema no reacciona, sobra generación y la frecuencia de la red se dispara. Si sube 600 MW en 12 minutos y no hay reserva lista, falta generación y la frecuencia cae. En cualquiera de los dos casos, sostenido en el tiempo, el resultado puede ser una falla de gran escala.

Por eso CAMMESA no espera a que la demanda cambie: la anticipa. Durante el partido contra Egipto, el sistema operó en "condición de alerta" desde una hora antes del inicio hasta una hora después del final — de las 12:00 a las 16:30. En ese lapso se aplicaron varias medidas concretas:

Reservas de potencia activa: se usaron las centrales hidráulicas de Río Grande y Los Reyunos operando como bomba — es decir, consumiendo energía sobrante para acumular agua en las represas, lista para generar de inmediato apenas la demanda repuntara.

Disponibilidad hidráulica máxima: se despachó la mayor cantidad posible de unidades de generación hidráulica del Comahue, porque son las que pueden subir o bajar su potencia más rápido, en cuestión de segundos, frente a los cambios bruscos.

Ajuste de la frecuencia de consigna: en los minutos previos al final de cada tiempo, cuando se anticipaba el salto de demanda del entretiempo o del pitido final, se subió la consigna de frecuencia a 50,10 Hz — un margen adicional para amortiguar la variación antes de que ocurra.

Todas las líneas de transmisión de alta tensión en servicio: para asegurar que la energía pudiera moverse sin restricciones entre regiones del país en caso de que una zona necesitara más generación que otra en simultáneo.

El resultado, según el propio informe, fue que "la operación se desarrolló con total normalidad, tanto antes, durante y con posterioridad al partido". Esa frase, tan simple, es el objetivo de todo el despliegue: que nadie note nada.

La "W" que se repite en cada partido y el rol del horario

Lo más revelador es que este patrón no fue exclusivo del partido contra Egipto. CAMMESA reporta el comportamiento de la demanda en cada partido de la Selección desde el Mundial de Qatar 2022, y en el Mundial 2026 la curva dibuja la misma forma una y otra vez: cae durante el primer tiempo, sube en el entretiempo, vuelve a caer en el segundo tiempo y repunta al final. Los especialistas del sector la llaman, sencillamente, "la W". Se repitió en los partidos contra Argelia, Jordania, Austria, Cabo Verde y Egipto. No es un fenómeno de un partido: es el comportamiento eléctrico estructural de un país entero viendo jugar a la Selección.

Pero hay una variable que no es la misma en cada partido, y que agrega una capa de análisis interesante: el horario. El encuentro contra Egipto se jugó a las 13:00 de un día soleado, y eso permitió que la energía solar cubriera cerca de 1.840 MW de la demanda en ese momento, la mayor participación fotovoltaica registrada hasta ahora en un partido del Mundial. Contando eólica, solar, bioenergía e hidráulica pequeña, casi el 25% de la demanda del país se cubrió con fuentes renovables durante ese partido.

El contraste es contundente si se lo compara con el partido contra Cabo Verde, jugado a las 19:00 de una tarde de invierno ya sin sol: la participación renovable fue de apenas el 8%. Mismo país, mismo público, misma pasión futbolera. La diferencia de casi 17 puntos porcentuales la explica un solo factor: si el sol estaba arriba o no cuando la gente se sentó a mirar el partido.

El horario de un partido de fútbol puede definir si un cuarto de la demanda eléctrica del país se cubre con energía limpia o si esa proporción cae a menos de un décimo. Eso no lo decide la ingeniería: lo decide FIFA al armar el fixture. Pero una vez decidido, es la ingeniería la que tiene que estar lista para lo que venga.

Lo que se puede anticipar del próximo partido

Este patrón es tan consistente que permite anticipar, con bastante precisión, lo que va a mostrar el próximo informe de CAMMESA. Argentina vuelve a jugar el sábado a las 22:00, en pleno invierno. Dos factores se combinan y apuntan en la misma dirección: es un horario nocturno, así que no habrá aporte solar alguno, y es invierno, así que la demanda de base va a ser más alta que en los partidos jugados en horarios templados o de tarde, por el consumo adicional de calefacción y de más horas de luz artificial encendida.

La curva en "W" debería repetirse una vez más, sobre una demanda de base más elevada que la de los partidos anteriores. Pero el dato más interesante va a ser la cobertura renovable: sin sol y en pleno invierno, es esperable que la participación de energías limpias sea la más baja de todo el Mundial 2026, probablemente por debajo del 8% que registró el partido contra Cabo Verde. Si el informe de CAMMESA confirma esa hipótesis, quedará comprobado algo que ya sugiere toda la evidencia acumulada: el horario de un partido define, casi con la misma certeza que un cálculo de ingeniería, cuánta energía limpia va a mover al país mientras la Selección juega.

Por qué esto también es una historia jujeña

El Sistema Argentino de Interconexión (SADI) conecta a todo el país, Jujuy incluida. Cada casa jujeña que enciende el televisor, prepara mate o pone en pausa el lavarropas durante un partido de la Selección es parte exacta de esa curva nacional que registra CAMMESA. No hace falta estar en Buenos Aires para ser parte del fenómeno: alcanza con estar conectado a la misma red.

Y hay una conexión todavía más directa con la provincia: Jujuy es, junto con Salta y Cauchari, una de las mayores generadoras de energía solar del país. Cada mediodía soleado en que la Selección juegue, buena parte de esos 1.840 MW fotovoltaicos que cubrieron la demanda nacional durante el partido contra Egipto salieron, con toda probabilidad, de paneles instalados en suelo jujeño. La próxima vez que Argentina juegue un partido de día, vale la pena recordar que el sol de la Puna también está, de alguna manera, en la cancha.

Y hay una lectura más amplia para la ingeniería eléctrica provincial. El mismo principio que sostiene el sistema durante un partido de fútbol, anticipar variaciones de demanda, mantener reservas listas, ajustar la operación en tiempo real, es el que debería guiar cualquier planificación energética seria en Jujuy: desde la integración de más generación solar hasta la eventual llegada de la electromovilidad. La demanda no es estática. Nunca lo fue. El desafío de la ingeniería es anticiparla, no solo reaccionar cuando ya cambió.

El partido que nadie ve

Mientras la Selección juega su partido en la cancha, hay otro partido en simultáneo: el de los operadores del sistema eléctrico argentino contra la variabilidad de la demanda. Ese segundo partido no tiene relato ni cámaras. Se juega en tableros de control, en centrales hidráulicas actuando como bomba, en ajustes de frecuencia calculados al décimo de hertz. Se gana cuando nadie se entera de que se jugó.

Es una buena metáfora de lo que hace la ingeniería eléctrica en general: sostener, en silencio, la infraestructura que permite que la vida cotidiana, y también la pasión colectiva por un partido, transcurra sin sobresaltos. El próximo partido de Argentina va a generar la misma curva, el mismo desafío, y el mismo trabajo invisible detrás. Cuando la Selección vuelva a salir a la cancha, en algún tablero de control alguien va a estar mirando esa curva sin parpadear. Ese es el otro equipo que nadie aplaude.