Opinión

La obscenidad del poder

La exhibición obscena de la corrupción .
Claudia Figueroa 25-06-2026
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La lista de funcionarios que han estafado la confianza pública suma protagonistas y, siendo honestos, no es Adorni el único al que no le cierran los números. La investigación que expuso los siete videos que grabó Yésica Cirio, mostrando fajos de millones de dólares en el vestidor de Martín Insaurralde, dejó a todos perplejos; sobre todo cuando al argentino de a pie ya no le alcanza el dinero para llegar a fin de mes.

Estos videos no son farándula; son la radiografía de un sistema que perdió el decoro. Las imágenes son la prueba material de una desconexión total con la realidad. Mientras el país intenta sobrevivir, la opulencia exhibida en 2023 por Cirio —videos utilizados en la negociación de su divorcio— revela una trama de complicidades. En aquel momento, Insaurralde era un eslabón central, íntimamente ligado a Axel Kicillof y a la estructura de Máximo Kirchner, dirigente que hoy enfrenta procesos judiciales como Hotesur-Los Sauces y la Causa Cuadernos por lavado y asociación ilícita.

Aquí la política se mide por la obscenidad de su escenografía. Nos acostumbramos a relatos de austeridad pronunciados por funcionarios que viven en una realidad paralela financiada con fondos de origen opaco. Ante pruebas visuales de esta magnitud, el debate sobre tecnicismos judiciales huele a complicidad. El humo judicial, que suele nublar las causas hasta que prescriben, se disipa cuando el dato es tan contundente como un registro fílmico.

Este caso no es una anomalía, sino el síntoma de una matriz que naturalizó el uso de la plata de todos para fines privados. El "Yategate" de Insaurralde, la "Causa de los Cuadernos", vinculada con “Vialidad”, “La ruta del dinero K”, “La Rosadita” y “Los bolsos de López” son la muestra irrefutable de un patrón sistémico que, lejos de ser un hecho aislado, define la matriz de corrupción que durante años desangró al Estado argentino.

No se trata solo de la indignación por el lujo ajeno, sino de entender el entramado que lo sostiene. La era de la hiper-exposición es implacable: no hay archivo que soporte la falta de coherencia y, tarde o temprano, la realidad desarma cualquier relato de impunidad. Esto pasa cuando el lujo es la prueba del delito.