La "objeción de conciencia" de Patricia Bullrich
Cuando el 25 de mayo, en el balcón de la Casa Rosada, la imagen de Patricia Bullrich junto al presidente y cerca de Karina Milei parecía consolidar el núcleo duro del Gobierno, nadie anticipaba el cisma que estallaría horas después. La política argentina vuelve a demostrar que, en sus pasillos, la calma es apenas un preludio de la tormenta.
El detonante no fue Manuel Adorni ni los roces que generó la afirmación de la senadora sobre la DDJJ del Jefe de Gabinete, pero sí tiene nombre, apellido y una trama judicial detrás: Verónica Michelli. La cuñada de Hugo Alconada Mon —quien fuera pieza clave en la investigación del escándalo de la criptomoneda $LIBRA— vio cómo su pliego para jueza, enviado por el Ejecutivo y que ya contaba con dictamen favorable y sin impugnaciones tras su paso por la Comisión de Acuerdos, era retirado intempestivamente por el mismo Ejecutivo el pasado 27 de mayo.
Ahí es donde el tablero se rompió. Patricia Bullrich no solo se negó a acatar la directiva, sino que disparó una bomba política: ofreció su renuncia a la jefatura del bloque de La Libertad Avanza en el Senado. Alegando "objeción de conciencia", la ministra dejó claro que su lealtad tiene límites. La declaración no tardó en mostrar sus repercusiones: el PRO y otros bloques aliados no tardaron en sumarse, ratificando la idoneidad técnica de Michelli y dejando a los legisladores oficialistas atrapados en un dilema existencial: ¿disciplina verticalista al estilo Milei o la autonomía republicana que hoy enarbola su jefa de bancada?.
Pero, como en todo thriller político, hay más. Antes de que el volcán entrara en erupción, Mauricio Macri mantuvo una reunión secreta con Bullrich. El objetivo era claro: entusiasmarla con la construcción de un proyecto alternativo de cara a 2027. ¿Coincidencia o consecuencia? Por estas horas, el ministro Diego Santilli intenta sumar gobernadores a la cruzada para eliminar las PASO, pero se topa con un muro insalvable que tiene otro matiz: la propia Bullrich, que hoy traba el debate asegurando que los votos no están.
La "objeción de conciencia" no es un recurso común ni de fácil acceso, pues su aplicación indiscriminada desestabilizaría el orden legal de un país; es, en esencia, un mecanismo de última instancia, no un atajo político.
En medio de este nuevo tembladeral dentro de las filas de LLA, los legisladores libertarios por Jujuy aún no se han pronunciado sobre el acompañamiento —o no— a la postura de Patricia Bullrich, a excepción de Alfredo González, quien señaló: Yo acompaño el proyecto de Javier y si Javier decidió sacar el pliego del Senado, tendrá sus razones.
La incógnita, ante la falta de otras voces, se vuelve inevitable: ¿los legisladores jujeños responden a órdenes directas de la Rosada como una extensión del mando central, o acaso se plantean, en algún rincón de su gestión, el margen para invocar sus propias objeciones de conciencia?