Opinión

Santilli: ¿la cura para todos los males o el último cartucho?

Opinión de Claudia Figueroa
Opinión de Claudia Figueroa - Jueves 2 de julio de 2026 redes
Claudia Figueroa 02-07-2026
Compartir

La ceremonia de asunción de Diego Santilli en la Jefatura de Gabinete dejó más lecturas políticas que la propia jura en el Salón Blanco. Atrás quedó el protocolo. Lo que vimos fue el gesto político del año: un abrazo entre Milei, Adorni y el "Colorado", bajo la sombra de las investigaciones judiciales que ya empiezan a orbitar y a hacer sombra sobre el Ejecutivo. Pero el verdadero dato no está en la foto, sino en lo que pasó antes.

Antes de las cámaras, catorce gobernadores —incluyendo a los referentes del Norte Grande— se reunieron en privado con el nuevo Jefe de Gabinete. No fueron solo saludos de cortesía; fue una verdadera cumbre de gobernabilidad. El mensaje que llevaban los mandatarios fue claro: "Previsibilidad o nada". A cambio de acompañar las reformas que el Ejecutivo necesita, los gobernadores pusieron sobre la mesa la urgencia de sus territorios, exigiendo la reactivación de la obra pública nacional y un esquema de asistencia financiera que dejó de ser un deseo para convertirse en una exigencia. En este marco, Jujuy fue una de las provincias que planteó con mayor firmeza el arreglo urgente de las rutas nacionales, un reclamo que ya no admite más demoras.

Este cambio de rumbo marca el fin de la etapa de los "técnicos" en el Gobierno, una gestión que fue muy cuestionada incluso desde adentro. Ahora, el lugar lo ocupa un perfil netamente político y alineado con el PRO, una oportunidad que el partido liderado por Mauricio Macri aprovechó para dejar algo claro: el Gobierno difícilmente podría sostenerse sin su respaldo, haciendo referencia tanto a la figura de Diego Santilli como al rol de Patricia Bullrich, pieza clave de este nuevo armado. Es una apuesta arriesgada. Mientras la CGT se mantiene en alerta y define sus próximos pasos, Santilli asume el mando no solo ante una crisis económica feroz, sino también con la presión de lograr acuerdos en un país donde la gente ya no tiene paciencia para más vueltas.

¿Es Santilli la cura para los males de este gobierno? Es, al menos, la apuesta por el diálogo en un Ejecutivo que hasta hace poco prefería la confrontación. Los gobernadores una vez más aceptaron bajar la guardia y establecer un canal de comunicación permanente, pero la lealtad tiene un límite: la realidad productiva de cada provincia. La estabilidad del Gobierno ya no depende solo de la voluntad de Milei, sino de la capacidad de Santilli para transformar las promesas de obras y fondos en soluciones tangibles. 

En política, como en la vida, el crédito es limitado. Y esta, quizás, sea la última oportunidad para demostrar que el diálogo puede ser más efectivo que el conflicto.