Contra el vaso inclinado: Jujuy decide formar a sus médicos
El sistema sanitario argentino sangra por múltiples heridas. Guardias colapsadas, consultorios desbordados y pacientes que esperan meses para un turno son el rostro de una crisis estructural que atraviesa lo público, lo privado y las obras sociales.
Detrás del dato frío de 40 médicos cada 10.000 habitantes, similar al de países desarrollados, se esconde una fractura alarmante: el 72% de los profesionales se concentra en solo cuatro jurisdicciones (CABA, Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe), mientras que provincias como Formosa, Santiago del Estero o incluso Jujuy sobreviven con ratios médicos mucho menores.
Esta desigualdad no es fortuita, es consecuencia de políticas que durante décadas desatendieron el principio de que la salud debe ser un derecho igualitario y no un privilegio del mapa.
En ese paisaje desolador, la provincia de Jujuy enciende una luz que merece ser celebrada. La Universidad Nacional de Jujuy logró la acreditación ante la CONEAU de la carrera de Medicina, que comenzará a dictarse en 2026 en la ciudad de Libertador General San Martín, epicentro de la estratégica región del Ramal.
Este avance, que parecía utópico hace algunos años, es hoy una realidad gracias al impulso del gobernador Carlos Sadir y del rector Mario Bonillo, quienes entendieron que garantizar el derecho a estudiar Medicina en territorio jujeño es también una forma de garantizar el derecho a la salud.
No se trata solo de un logro académico. Es una respuesta concreta a una deuda histórica con la comunidad.
Es un acto de justicia territorial y social. Porque en Jujuy, como en tantas provincias del norte argentino, las aspiraciones de cientos de jóvenes que sueñan con ser médicos suelen truncarse antes de comenzar, no por falta de vocación sino por imposibilidades económicas. La necesidad de emigrar, de afrontar alquileres, pasajes, desarraigo y todo lo que conlleva estudiar lejos de casa, deja a muchísimos talentos fuera del sistema.
La nueva carrera de Medicina ofrece, por fin, una alternativa. Y lo hace desde el territorio mismo que hoy sufre la escasez crítica de profesionales: con menos de 18 médicos cada 10.000 habitantes, Jujuy está muy por debajo de la media nacional.
Como bien explicó el rector Bonillo, esta iniciativa no es fruto del azar, sino de una articulación virtuosa entre la universidad, el gobierno provincial y referentes del ámbito académico nacional, como el expresidente de la CONEAU Néstor Pan. Más de 400 aspirantes han hecho consultas para anotarse, y la expectativa crece. Porque ahora, los jóvenes jujeños podrán estudiar Medicina sin tener que abandonar su tierra. Y porque formar médicos en su lugar de origen es una de las claves para lograr que luego ejerzan allí mismo, donde más se los necesita.
Por supuesto, este paso histórico no resuelve por sí solo la profunda crisis del sistema de salud argentino. Salarios médicos hasta un 40% menores que en países vecinos, jornadas laborales extenuantes de hasta 90 horas semanales y un éxodo silencioso de especialistas han puesto al sistema en una situación límite.
Solo el 27,6% de los médicos se dedica a la Atención Primaria de la Salud (APS), muy por debajo de Chile (46%) o Brasil (30,8%), y en provincias como Catamarca se ha perdido hasta el 87% de estos especialistas desde 2014. Las residencias en áreas clave como pediatría o clínica médica permanecen vacantes, mientras los turnos se dilatan por meses y la calidad de atención se deteriora día a día.
El modelo jujeño, sin embargo, ofrece claves valiosas para cambiar la trayectoria. Su currícula priorizará la APS, promoverá la investigación en problemas locales y generará formación docente mediante diplomaturas conjuntas. Además, se articulará con universidades como la de Córdoba o la Arturo Jauretche, potenciando la integración federal del conocimiento.
Pero para que esta semilla florezca, será necesario regarla con políticas públicas sostenidas: incentivos salariales para que los nuevos médicos se radiquen en zonas críticas como el Ramal, creación de residencias orientadas a especialidades con déficit, y un financiamiento que respalde este esfuerzo con responsabilidad.
Argentina no carece de recursos, carece de voluntad para redistribuirlos con justicia. Mientras la ciudad de Buenos Aires acumula 165 médicos por cada 10.000 habitantes, el norte argentino enfrenta una sed estructural. La metáfora del vaso inclinado, donde el agua se derrama hacia un solo lado, sigue vigente, Jujuy debe enderezarlo.
Hoy, con el compromiso político del gobernador Carlos Sadir y la visión del rector Mario Bonillo, se abre una oportunidad histórica, que ningún joven jujeño tenga que renunciar a su vocación médica por falta de recursos.
Que la salud deje de depender del código postal. Que la educación superior no sea un privilegio, sino un puente. Porque, como bien sintetiza Bonillo: Cuando Jujuy invierte en formar sus propios médicos, no solo cura heridas: siembra soberanía sanitaria.
Y el país entero necesita, más que nunca, esa cosecha.