Opinión
COLUMNA DE OPINIÓN

PJ jujeño: anatomía de una derrota autoinfligida

Opinión de Andrés Mendieta
Columna de opinión de Andrés Mendieta - 4/05/2025 Somos Jujuy
Andrés Mendieta 04-05-2025
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Lo que estamos presenciando en Jujuy no es simplemente una crisis política pasajera, sino el derrumbe estructural de una fuerza que ha elegido el autoengaño como estrategia. 

Los números no mienten: todas las encuestas y grupos focales revelan que el PJ jujeño se debate por alcanzar siquiera su piso electoral, mientras su dirigencia insiste en fórmulas fracasadas. 

El reciente desembarco de Aníbal Fernández - uno de los dirigentes de peor imagen a nivel nacional - como supuesto salvador, no hizo más que confirmar este desesperado despropósito.

La captura del Partido Justicialista por La Cámpora representa el triunfo definitivo de la nostalgia sobre el proyecto, de la retórica sobre la gestión, de una rancia ortodoxia ideológica sobre el sentido común político. 

Bajo el liderazgo de Leila Chaer y el autopercibido camporista Guillermo Snopek, el PJ jujeño no se dividió: se pulverizó. Su gran obra no fue un programa de gobierno, sino un manual de supervivencia facciosa, donde el CBU de La Cámpora siempre tiene prioridad sobre las necesidades de los jujeños.

Chaher - Snopek

Mientras el oficialismo de Sadir avanza con medidas concretas, como el Decreto N° 2980 que alivia la presión fiscal sobre los contribuyentes, el PJ local sigue anclado en discusiones estériles que solo interesan a La Cámpora y sus esbirros. ¿El resultado? Un partido que en lugar de sumar adhesiones, suma siglas, todos compitiendo por el mismo puñado de votos, mientras Chaer y Snopek custodian las llaves de la sede como si fuera un feudo personal.

La Cámpora ha logrado lo que ni la dictadura ni el neoliberalismo pudieron: vaciar al peronismo jujeño de su esencia transformadora. Han convertido un movimiento que supo ser herramienta de ascenso social en un club de nostalgia revolucionaria, donde se discuten acaloradamente los documentos de los 70, mientras Jujuy debate cómo insertarse en la economía del siglo XXI. El contraste no podría ser más brutal: por un lado, un gobierno que baja impuestos a sectores productivos; por otro, una oposición que trae figuras nacionales desgastadas como Aníbal Fernández, cuyo único mérito parece ser su lealtad faccional.

La irrupción de La Cámpora en la estructura del Partido Justicialista jujeño no se limitó a un simple y dudoso recambio generacional. Representó la imposición de una lógica política fosilizada, donde la repetición mecánica de consignas antiguas reemplazó el pensamiento crítico y la elaboración programática. 

Este grupo ha convertido al PJ local en un espacio donde priman los gestos sobre los contenidos - como la desafortunada visita de Fernández - donde la nostalgia revolucionaria sirve de excusa para ocultar la absoluta carencia de ideas frente a los desafíos contemporáneos.

Aníbal Fernández

La Cámpora ha convertido a la política en un ejercicio de arqueología doctrinal, más interesada en mantener sus dogmas —y por supuesto los CBU— que en reconquistar el gobierno provincial.

Mientras la provincia debate cómo insertarse en las cadenas globales de valor sin perder identidad, ellos siguen combatiendo molinos de viento neoliberales. Cuando se requieren propuestas innovadoras para la economía del conocimiento, responden con recetas estatistas de manuales soviéticos.

Lo más revelador de este vaciamiento intelectual es cómo ha terminado por alienar a las nuevas generaciones. Los jóvenes profesionales, los emprendedores tecnológicos, los trabajadores de la economía gig, ven con incredulidad estas posturas fosilizadas. Mientras el mundo avanza hacia la cuarta revolución industrial, el Partido Justicialista jujeño sigue atrapado en discusiones sobre la tercera posición.

Este fundamentalismo ideológico opera como mecanismo de evasión política. Ante la incapacidad para diagnosticar los problemas actuales, recurren al catálogo de enemigos prefabricados. Frente a la complejidad de gobernar en tiempos de restricciones, sacan del baúl las soluciones mágicas de antaño. Es la política como espectro, donde las sombras del pasado se confunden con la sustancia del presente.

El daño colateral trasciende lo partidario. Jujuy necesita una oposición seria que ejerza control inteligente sobre el oficialismo, que proponga alternativas creíbles, que enriquezca el debate democrático. En su lugar, tiene un peronismo convertido en secta, más preocupado por mantener vivas sus mitologías que por construir futuro.

El tiempo no se detiene. Las sociedades avanzan con los que piensan los nuevos problemas, no con los que repiten viejas respuestas. Cada día que el peronismo jujeño pierde en este culto a las reliquias ideológicas —con Chaer y Snopek como fieles guardianes del museo— es un día menos relevante para la provincia que dice querer representar. La historia sigue escribiéndose, con ellos o sin ellos.