Sociedad

Quién es Tom: el oso ruso de 600 kg cedido por un circo que conquistó las redes sociales

Lo que comenzó como una transferencia entre profesionales del espectáculo en Rusia, terminó convirtiéndose en uno de los videos más tiernos de internet

Quién es Tom: el oso ruso de 600 kg cedido por un circo que conquistó las redes sociales

Somos Jujuy por Somos Jujuy | 23-04-2026 09:05

Recientemente, un video ha paralizado las redes: el oso Tom, un coloso de más de 600 kilos, confunde una cinta métrica con una invitación al afecto. Mientras su dueño, el adiestrador Pavel Vyakin, intenta medir sus 210 centímetros de cintura, Tom responde envolviéndolo en un abrazo masivo y lamiéndole la cara. Sin embargo, tras la ternura viral, existe una historia de tradición, adiestramiento profesional y una industria en constante debate.

Del circo ambulante al hogar profesional

A diferencia de los rescates de animales salvajes en la naturaleza, el origen de Tom es puramente artístico. En Rusia, para el año 2019, la presencia de osos en los circos seguía siendo una práctica legal y profundamente arraigada en su cultura del espectáculo. Cuando el circo donde nació Tom no pudo seguir manteniéndolo (debido a dificultades logísticas o cierres de carpas), el pequeño osezno de solo dos meses fue transferido a Pavel Vyakin.

Pavel no es un aficionado; es un reconocido adiestrador profesional con instalaciones diseñadas para el manejo de grandes especies. Tom no fue "liberado", sino que cambió una vida de giras constantes por una crianza a mano basada en el refuerzo positivo y una dieta que incluye desde grandes cantidades de pescado y carne hasta sus premios favoritos: leche condensada y galletas.

El heredero de una estrella: El vínculo con Iniesta

La fama de Tom no es casualidad; viene de "buena escuela". Su cuidador, Pavel, es una figura establecida en el mundo del cine y la publicidad. Antes de Tom, Pavel fue el dueño de Tima, el legendario oso que se volvió mundialmente famoso al protagonizar un comercial junto al futbolista español Andrés Iniesta.

Tima, que falleció recientemente a los 28 años, sentó las bases para lo que Tom es hoy: un "animal actor" capaz de convivir en sets de filmación, posar para fotógrafos de moda en bosques nevados y, ahora, ser un influencer con millones de reproducciones en Instagram.

Una vida de estrella y un debate abierto

Hoy, Tom es una celebridad que participa en películas de la taiga y comerciales de marcas globales como Burger King. A pesar de su imponente peso y su fuerza capaz de volcar un auto, Tom se muestra dócil porque ha sido criado como un miembro más de la familia, durmiendo cerca de sus cuidadores y siendo estimulado socialmente desde cachorro.

A pesar de su fama en las pantallas, Tom no vive en una jaula convencional, sino que cuenta con un hábitat acondicionado especialmente para él en la propiedad de Pavel, donde dispone de espacio para jugar y descansar bajo cuidados profesionales constantes. Actualmente, su agenda está tan llena como la de cualquier celebridad; además de su faceta como actor de cine y comerciales, Tom es el protagonista de exclusivas sesiones de fotos en los paisajes nevados de Rusia. 

tom oso rusia
 

En estas producciones, modelos y turistas viajan desde lejos para posar junto al gigante de 600 kilos, quien, acostumbrado a los flashes y al trato humano, se deja retratar con una paciencia y docilidad asombrosas.

Sin embargo, el caso de Tom reabre una grieta de opinión en el mundo moderno:

  • Para unos, es el ejemplo máximo de complicidad y respeto entre hombre y animal, donde el adiestramiento permite que especies que de otro modo serían sacrificadas o malvividas en cautiverio tengan una vida de cuidados médicos y estímulos.
  • Para otros, la historia de Tom es un recordatorio de que la industria del espectáculo con animales —aunque se vista de "influencer"— sigue siendo un entorno artificial donde un depredador nato es privado de su naturaleza para el entretenimiento humano.

Sea cual sea la postura, el abrazo de Tom sigue acumulando millones de vistas, recordándonos que, incluso en un mundo de contratos y cámaras, el afecto parece ser el lenguaje universal.