La ONU advirtió que la IA podría consumir tanta agua como 1.300 millones de personas para 2030
El avance acelerado de la inteligencia artificial (IA) encendió las alarmas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que advirtió sobre el fuerte impacto ambiental que tendrá esta tecnología durante los próximos años.
Según un informe elaborado por el Instituto para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH), para 2030 la infraestructura necesaria para sostener los sistemas de inteligencia artificial consumirá una cantidad de agua equivalente a la utilizada por 1.300 millones de personas para cubrir sus necesidades básicas.
El estudio señala que detrás de las herramientas de IA existe una gigantesca red de centros de datos que requiere enormes volúmenes de agua para refrigerar servidores y mantener operativos los sistemas que procesan millones de consultas diarias.
Además, la demanda energética también crecerá de manera exponencial. Las proyecciones indican que los centros de datos consumirán 945 teravatios-hora de electricidad hacia el final de la década, una cifra que triplica el consumo anual combinado de países como Pakistán, Bangladesh y Nigeria.
Más allá de la huella de carbono
Los especialistas remarcan que medir el impacto ambiental de la inteligencia artificial únicamente a través de las emisiones de carbono resulta insuficiente.
El informe advierte que algunas alternativas energéticas consideradas más limpias pueden reducir gases contaminantes, pero al mismo tiempo multiplicar el consumo de agua y aumentar significativamente el uso de suelo.
Actualmente, los centros de datos ya representan una demanda energética comparable a la de grandes naciones. En 2025 consumieron 448 teravatios-hora de electricidad y, de ser un país, ocuparían el puesto 11 entre los mayores consumidores de energía del mundo.
Cada consulta también tiene un costo
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que la mayor parte del impacto ambiental no ocurre durante el entrenamiento de los modelos de inteligencia artificial, sino durante su uso cotidiano.
Los investigadores estiman que entre el 80% y el 90% del gasto ecológico total corresponde a la denominada "inferencia", es decir, el procesamiento que realiza el sistema cada vez que un usuario formula una consulta o genera contenido.
Por ejemplo, una conversación con un chatbot impulsado por IA puede consumir hasta 200 veces más energía que una función tradicional de filtrado de correos electrónicos.
La diferencia es aún mayor en contenidos multimedia. Generar una imagen mediante inteligencia artificial requiere 1.450 veces más electricidad que producir un texto simple, mientras que crear un video puede demandar hasta 200.000 veces más energía.