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Gracias por existir

En estos días tan patrióticos, además de izar banderas y cantar el himno a los cuatro vientos, sirven para reflexionar sobre ARGENTINA. Para los que no somos de aquí, si bien nos hemos adaptado y hemos integrado toda esa cultura albiceleste al corazón, no dejamos de sorprendernos del amor a los colores, más allá de las dificultades del momento. Y me detengo a pensar en la cantidad de ciudadanos que día a día levantan el paño nacional, y con él, a la patria.  Sin hacer espavientos. Sin ruido. Son muchos, pero este año, mis pensamientos se los he dedicado a los enfermeros. En general, se habla muy poco de ellos y son indispensables para que esta nación siga de pie.

Si hablamos de vocación de servicio, los enfermeros deben estar entre los primeros de la lista. Por eso, cuando nos topamos con alguno que no pone amor en su trabajo, evidentemente que lo padecemos, y el mal humor se dispersa como pólvora en las familias.

Me conmueve verlos trabajar. Son los ojos, los oídos y las manos de los médicos. Observo anonada la delicadeza y seguridad con la que mueven a un paciente y lo asean con cariño; la ternura cuando desfallecemos al escuchar un diagnóstico triste; las caricias cuando las lágrimas estallan por desesperación o ante la soledad de una habitación impoluta con sabor a eco.

Son una especie de ángeles de la guarda que cuidan no sólo a los que sufren, sino a los familiares que deben continuar con su vida teniendo la tranquilidad que sus seres queridos se encuentran entre las dosis más altas de humanidad.

En todos los rincones del mundo, existen personas solidarias que eligen horas para servir a los demás, pero hay otras que dedican los 365 días del año para hacer más fácil la vida de un montón de desconocidos con los que seguramente tienen muy poco en común. Y te aseguro que se deben haber encontrado a algún idiota entre las sábanas y aún así, siguen trabajando sigilosamente.

En esta semana, antes de que termine mayo, quiero dedicarles estas sencillas líneas… Únicamente para agradecerles porque están al pie del cañón brindando un servicio a cada uno de los ciudadanos que necesitan de sus alas.  Una profesión donde la discriminación no existe, siendo testigos  de la llegada de un nuevo corazón y la despedida de otro, que tuvo mucho y que se fue desnudo como todos los demás.

En una ocasión un sabio supo decir que los enfermeros tienen ese poder casi hipnótico, misterioso, inefable, de hacer que, en medio de la angustia y el dolor, la paz se resbale en el alma, en silencio, como una lenta y arrulladora marea. Simplemente:  GRACIAS POR EXISTIR.

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