El tiempo de lo multi
En febrero pasado se llevó a cabo el festival teatral Damas en coche. Una de las obras que se presentaron, llamada Única y semejante de Viky Mamaní, escenificó la intimidad de una mujer a la que diagnostican con trastorno bipolar. La personaje reniega de las limitaciones que aparecen en su vida, no a partir de caer enferma, sino de ser diagnosticada con ese título psiquiátrico que, según dice, no sólo no representa su sufrimiento sino que además lo reduce a un binomio: dos polos-bipolar. Con cierto dejo de humor refiere que lo que le sucede no tiene sólo dos caras y que más correcto hubiera sido diagnosticarla de trastorno multipolar. El texto de esta obra reniega del binomio y propone ordenar la realidad de otra forma que no sea a partir de la oposición de dos términos, que para este caso son la manía y la depresión. Dicho intento de ruptura posiblemente vaya en consonancia con un fenómeno de la época ligado a la cosmovisión de pensar la realidad como un multiverso, prototipo presente en varios productos que incluyen este concepto, como por ejemplo el Meta de Mark Zuckerberg, los microprocesadores cuánticos, la película ganadora del Oscar Todo al mismo tiempo y en todas partes, la serie Sense 8 y ¿por qué no? En un antecedente ya muy anterior que es El Aleph de Jorge Luis Borges. Por cierto, este patrón no dejan de guardar cierta afinidad con otros fenómenos sociales, por ejemplo llamado multitasking (hacer varias cosas al mismo tiempo) que describe el filósofo contemporáneo Byung Chul-Han, los amores líquidos descriptos por Zygmundt Bauman o el poli amor presente en nuestra época, ya que en todos estos casos sucede la posibilidad de que en un mismo espacio o momento sucedan muchas o infinitas cosas de manera simultánea.
Sin embargo, contrario a lo que parece, la misma etiqueta de bipolaridad podría brindar pistas a sobre la solución al sufrimiento de quienes la padecen, a partir de sentar las bases que luego permitirán buscar el punto medio entre dos polos, que para el caso del trastorno bipolar son el extremo melancólico y el maníaco. El término medio es una referencia que aparece ya en la Ética Eudemiana del filósofo griego Aristóteles para quien la virtud, dada por la moderación, sería el ecuador entre un defecto y un exceso. Así por ejemplo, Aristóteles decía que la amistad es el punto medio entre la grosería y la adulación. De este modo ¿Cómo se las arregla el personaje de la obra teatral antes nombrada, saltando de un polo a otro infinitamente? ¿O es acaso eso lo que sucede en la fuga de ideas, presente en un cuadro maníaco, el cual rechaza el punto límite de las palabras?
La psicoanalista Silvia Ons dice que el episodio maníaco es como un brillo sin sombra y que el episodio melancólico es como una sombra sin brillo. Ambas analogías hacen referencia a la carencia de contraste o de matices que se experimentan en estos estados subjetivos, y que a su vez van en consonancia con lo que dijo Lacan: el goce privilegiado, por comandar la relación sexual, se ofrece con un acto prohibido, pero para enmascarar que esa relación no se establece sino por no ser verificable al exigir el término medio que se distingue por faltar allí: lo que llamamos haber hecho la castración sujeto. Dicha castración es un punto de basta a la direccionalidad de un goce, tal como podría suceder en la manía, pero también en la melancolía, ya que la tristeza puede tranquilamente convertirse en un vicio difícil de erradicar. De hecho, el estado melancólico es una suerte de enquistamiento en la depresión, aunque con otros agregados como por ejemplo el delirio de indignidad.
Lo multi por su parte da lugar a una suerte de errancia, a la imposibilidad de encontrar un punto de basta o un punto de referencia. Podría decirse que la moda de lo multi, presente en esta época, debilita en cierto modo de la base de lo simbólico, la cual se basa en otra bipolaridad que es la presencia y la ausencia, y que con ello se quita la posibilidad de generar matices intermedios entre dos opuestos, los cuales por su parte no dejan de dar lugar a la empobrecedora posibilidad de comparar, y en consecuencia de reducir el asunto a la cuantificación, lo cual conduce en última instancia a la disolución del amor. Entonces ¿Estaremos asistiendo a un cambio de paradigma o soltando algo que se liga a aquello que nos distingue de las demás especies, es decir lo simbólico?
* Sergio Higa es Analista Practicante de la Escuela de la Orientación Lacaniana miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Responsable de Relaciones Institucionales de la Antena Jujuy de la EOL. Docente de la materia Psicopatología 2 de la carrera de Psicología de la UCSE. Docente de la materia Psicología de la carrera de Psicopedagogía de la UCSE. Psicólogo Clínico en el Hospital Sequeiros. Licenciado en Psicología.