De vetos, coimas y otras yerbas...
¿Saben qué tienen en común un senador jujeño, los vetos presidenciales y un escándalo de coimas? Todos son el reflejo de una semana política agitada y, para algunos, vergonzosa.
La primera mitad del año político en Argentina parece haber sido un fracaso para el oficialismo. El presidente Javier Milei, a pesar de sus discursos combativos, sufrió una serie de derrotas en el Congreso que debilitaron su agenda. No solo se rechazaron sus vetos a leyes clave como la de Emergencia en Discapacidad y el aumento jubilatorio, sino que el Poder Legislativo también impulsó proyectos que van directamente en contra de sus políticas, como la sanción de la Ley Garrahan y la garantía del financiamiento universitario. Este revés legislativo expone una debilidad que va más allá de un simple número en las votaciones: muestra la incapacidad del Gobierno para generar consensos.
Y como si fuera poco, el escándalo de las coimas en Andis golpeó de lleno en la Casa Rosada. A pesar de que el Gobierno denuncia "utilización política", lo más llamativo es el silencio que reina alrededor del presidente y los directamente mencionados, como su hermana Karina Milei y Eduardo Lule Menem. La falta de una desmentida contundente solo profundiza la sospecha y expone una ironía: el gobierno que llegó a la cima prometiendo terminar con la casta de un plumazo, hoy se ve envuelto en un caso de presunta corrupción en compra de medicamentos de la Agencia Nacional de Discapacidad que salpica directamente a su círculo más íntimo.
Mientras el presidente libra batallas en el Congreso, en el propio Senado un representante de su fuerza, ni más ni menos que el jefe de bloque, el jujeño Ezequiel Atauche, demuestra una falta de preparación que da vergüenza ajena. El autor de la frase es tan grande el número, que no me sale, protagonizó un momento vergonzoso en la última sesión de la Cámara Alta, cuando se vió imposibilitado de leer el presupuesto de Vitivinicultura porque el número era muy largo. El momento le arrancó una sonrisa a más de un legislador, incluyendo a la vicepresidenta Victoria Villarruel.
Vetados por los propios legisladores, salpicados por la corrupción que juraron combatir y representados por un jefe de bloque que no puede leer un número, la semana de la nueva política dejó en claro que hay algo que no termina de funcionar. Y es que el problema, parece, no era la casta que existía, sino el relato de la casta que ahora gobierna.