Opinión

Del status quo al quo vadis

Opinión de Claudio Gareca, docente en Ciencia Política
Claudio Gareca
Claudio Gareca 03-12-2024
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El próximo 10 de diciembre Javier Milei cumple un año como presidente argentino, un año en el que la política argentina se desenvolvió a una velocidad vertiginosa, dejando atónitos a los más avezados y experimentados políticos y con una reducida posibilidad de injerencia en la agenda pública.

Se venía sosteniendo, en Ciencia Política, a través de sus más destacados pensadores y analistas, que no había país independiente que pudiera exhibir un sistema político carente de partidos, pero esa regla universal fue rota aquí, sí en Argentina. Ninguna democracia occidental era concebible sin partidos políticos como sostiene Andrés Malamud.

Sin embargo, recordemos que Javier Milei ganó en el ballotage en 20 provincias, reitero, sin organización partidaria y sin territorialidad. El gran desafío y la más grande preocupación del nuevo gobierno era domar la inflación, y hoy es sin dudas la matriz en la que sostiene su gestión de gobierno, gestión que solo cuenta con 37 diputados y 7 senadores nacionales, que se vieron compelidos rápidamente a aprender a negociar políticamente y convivir con la casta, con las ratas y con los degenerados fiscales luego de los tropezones y caída de la ley bases primera edición. 

javier milei

Que decir de la comunicación del presidente, que también vino a romper con los paradigmas tradicionales, con un discurso desafiante, anti político, radical, extremo, sin frenos inhibitorios y buscando constantemente polarizar para ensanchar más la grieta. Una comunicación personalista, autorreferencial, de ataque a terceros, a intelectuales y al periodismo. El discurso presidencial, en ese sentido, se valió del término casta política en forma peyorativa, aludiendo y aglutinando al resto de los políticos o partidos políticos tradicionales caracterizados por su fuerte afianzamiento a ciertos privilegios que los distanciaban de la ciudadanía. 

Hay sorna, arrogancia, descalificación y burla hacia el otro. Todo ello diseminado y potenciado por las redes sociales y un ejército de trolls y seguidores que actúan veloces y coordinadamente para defender cualquier ataque al gobierno, pero principalmente para agredir a quien piense distinto. 

Sin cortes ni piquetes pero con protocolos que regulaban el reclamo, con una recesión muy dura en virtud del ajuste económico, con altos índices de desocupación, con recortes a la educación superior, a los jubilados y a los programas sociales, la calle prometía ponerse muy dura y levantar temperatura, no obstante, ello no sucedió, y parece ser que solo haber bajado la inflación, un mal que acompaño a la argentina por décadas, es suficiente remedio para tolerar la catarata de problemas de la microeconomía.

Los estudios de opinión revelan índices que aún acompañan la gestión. Esos índices se asientan sin dudas en el hecho objetivo de la baja de la inflación, que es la clave del buen rendimiento del gobierno traducido en una economía controlada. 

A prácticamente un año de gestión y más allá de la inflación controlable, un dólar que aparece estacionado, y una tolerancia ciudadana que se estira, pero aún no se rompe, una oposición fragmentada y sin una brújula que le indique el norte a seguir cabe preguntarse si solo esos hechos le servirán al oficialismo para cementar una buena gestión y ganar la próxima contienda electoral del 2025. 

En éste contexto los gobernadores tienen chances de obtener ventajas y la enorme posibilidad de construir futuro, máxime en las elecciones que se aproximan que le servirán para ordenarse, reafirmando liderazgos o construyendo nuevos.