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COLUMNA DE OPINIÓN

El Agua de la Puna frente al espejismo del Litio

Opinión de Andrés Mendieta
Opinión de Andrés Mendieta - Domingo 24 de agosto de 2025 redes
Andrés Mendieta 24-08-2025
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La vastedad silenciosa de la Puna jujeña, un paisaje de belleza austera y ecosistemas únicos, esconde una crisis que late en sus entrañas, una crisis de agua que define no solo su frágil ecología sino también el futuro de sus comunidades y la viabilidad de un desarrollo verdaderamente sustentable

Un informe encargado por la Defensoría del Pueblo de la Nación, hace algún tiempo atrás, elaborado por los hidrogeólogos Gabriel Meconi y Marcelo Sticco, no es solo un estudio técnico; es una advertencia fundada sobre los riesgos de avanzar con una explotación intensiva sin comprender en profundidad el complejo sistema hídrico del que todo depende. 

La Puna no es un desierto vacío, es un conjunto de humedales de altitud donde el agua, aunque escasa, es el eje de la vida.

El diagnóstico inicial es contundente, se trata de una de las regiones más áridas del planeta, con un balance hídrico natural negativo durante todo el año. Las escasísimas precipitaciones, que no superan los 200 milímetros anuales en los mejores casos, son la única fuente de recarga para un sistema que se sustenta en un equilibrio milenario y delicadísimo

En este contexto, los salares como Olaroz, Cauchari y las Salinas Grandes no son simples depósitos de sal y litio; son el corazón hidrológico de la región, humedales de descarga donde el agua subterránea, tras viajar lentamente por el subsuelo, finalmente emerge para evaporarse, dejando atrás las costras salinas que hoy cotizan alto en el mercado global. Este proceso natural es la clave para entender la magnitud de la intervención humana.

La comunidad de Olaroz Chico realizó el tradicional “chaccu de vicuñas”

La industria del litio, presentada como la gran oportunidad de desarrollo para la región, se sustenta en un consumo masivo de este recurso vital

Las cifras son elocuentes y alarmantes: para una producción anual de 40.000 toneladas de carbonato de litio, una sola empresa, proyecta extraer más de 26 millones de metros cúbicos de salmuera y, de manera crucial, 1,1 millones de metros cúbicos de agua dulce anuales. Este último dato es fundamental, porque desmiente la narrativa simplista de que solo se bombea salmuera. El agua dulce, un bien invaluable en la Puna, es esencial para los procesos industriales en la planta, compitiendo directamente con los usos ancestrales y de subsistencia de las comunidades locales.

El estudio plantea un escenario hipotético que debería encender todas las alarmas en la planificación estatal. Mientras que para la cuenca de Salinas Grandes-Guayatayoc el impacto no se prevé significativo debido a su extensa área de recarga, la situación en la cuenca Olaroz-Cauchari es crítica. Bajo un escenario de mínima recarga, la explotación combinada de las empresas generaría un déficit hídrico, es decir, se extraería más agua de la que el sistema es capaz de reponer naturalmente. Este no es un dato menor; es la confirmación técnica de que la actividad minera puede, literalmente, secar la fuente de vida de la región, alterando irreversiblemente el flujo de las aguas subterráneas.

salinas jujuy

Pero el peligro no es solo la merma cuantitativa. El informe alerta sobre un proceso de salinización irreversible. La extracción intensiva, tanto de salmueras en el centro de las cuencas como de agua dulce en los bordes, podría actuar como una bomba de succión artificial, acelerando el flujo natural del agua subterránea dulce hacia los centros salinos. Este desplazamiento forzado disolvería las sales del subsuelo, contaminando y salinizando los acuíferos de baja salinidad que hoy son aptos para el consumo humano y animal. El daño sería doble: se pierde volumen y se degrada la calidad, envenenando el pozo para las generaciones futuras.

La conflictividad social, ejemplificada en el anexo del informe con casos como Huacalera y Tilcara, no es un capricho o una resistencia al progreso. Es la respuesta lógica de comunidades que entienden, desde su relación ancestral con el territorio, que el agua es un bien no renovable en su escala de tiempo. En la Quebrada de Humahuaca, Patrimonio de la Humanidad, la disputa no es abstracta: es el temor fundado a que la contaminación o el desvío de los escasos recursos hídricos destruya la agricultura de subsistencia, la ganadería camélida y el turismo, actividades que, aunque de pequeño volumen, son la base de su economía y su cultura.

Explotación de litio

Las recomendaciones finales del estudio trazan un camino de sensatez y responsabilidad que las autoridades deberían seguir de inmediato. No es posible continuar autorizando explotaciones a gran escala sin un modelo matemático hidrogeológico robusto, sin una red de monitoreo constante y transparente, y sin calcular las reservas reales de agua dulce. Se requiere un enfoque interdisciplinario que reconozca a los salares como humedales complejos y que se enmarque en una Gestión Integrada de los Recursos Hídricos, donde la voz de las comunidades y la protección del ambiente tengan tanto peso como el interés económico.

La Puna jujeña se encuentra en una encrucijada histórica. Puede convertirse en un territorio sacrificado en el altar de la transición energética global, exportando litio para baterías a cambio de su agua y su equilibrio ecológico, o puede elegir un camino más prudente y soberano

Un camino donde la explotación, si ocurre, esté supeditada al conocimiento científico profundo y al consentimiento de un pueblo que sabe que, en el altiplano, quien controla el agua controla el destino. 

La crisis ya está aquí; es lenta, silenciosa como la evaporación en un salar, pero sus consecuencias resonarán por siglos. Ignorar esta advertencia sería una irresponsabilidad histórica.