El presidente y sus frentes abiertos
Los puentes se queman tan rápido como se construyen en la Casa Rosada. El presidente Javier Milei no gobierna, ha hecho del conflicto su forma de gobernar: él libra una guerra permanente. Lo que en sus inicios parecía una estrategia para marcar agenda, se ha convertido en una constante que lo ha dejado en un círculo de confianza cada vez más reducido, con una lista de opositores que crece día a día.
Los vetos a tres leyes clave durante la semana pasada - el financiamiento universitario, la emergencia pediátrica y el reparto de los Aportes del Tesoro Nacional (ATN) - son el último episodio de esta escalada. No se trata solo de decisiones políticas, sino de gestos que dinamitan puentes. El mensaje es claro: en la Casa Rosada no hay espacio para la negociación, solo para el enfrentamiento. Con los médicos residentes del Hospital Garrahan y docentes universitarios en las calles, la oposición del Congreso se prepara para dar batalla a la "veto-cracia" y convocó a una sesión especial para insistir con las dos primeras leyes.
Pero esta estrategia no solo se limita al Congreso o a los gobernadores. En el plano digital, el panorama también ha cambiado. Milei, quien había prometido dejar de insultar en sus redes sociales, ha mantenido una frecuencia de ataques de dos publicaciones diarias en el último mes. Lo más relevante, sin embargo, es que el clima digital que alguna vez fue favorable ahora no lo es. La militancia que lo apoyaba parece haberse apagado, y los escándalos recientes tienen muy poco respaldo en la web.
Esta dinámica de confrontación constante tiene un impacto directo en las provincias, incluida Jujuy, con el gobernador Carlos Sadir, quien integra el grupo fundacional de "Grito Federal" o ahora "Gobernadores Unidos". El veto a los ATN, por ejemplo, corta una fuente de recursos fundamental en un momento de crisis. Los gobernadores, que ya estaban en una relación tensa, ahora se han unificado en su rechazo, cerrando cualquier posibilidad de diálogo a corto plazo o antes de las legislativas del 26 de octubre.
La gran pregunta es: ¿se puede gobernar un país en crisis con un círculo de confianza tan pequeño y con tantos frentes de batalla abiertos? La respuesta, y el impacto de esta estrategia, ya lo estamos viendo en la calle.