Desde los albores de la humanidad, cuando nuestros antepasados comenzaron a mejorar su vida utilizando la inteligencia, el acceso a los recursos naturales y, sobre todo, la capacidad de perfeccionar y corregir las técnicas empleadas, la construcción ha ido moldeando nuestra vida cotidiana. En los últimos cinco mil años, esta actividad creativa nos ha dejado maravillas únicas que aún hoy nos sorprenden, tanto por su calidad de ejecución como por el nivel de avance tecnológico que representan para su época.
Ese carácter artesanal de la construcción, sumado a la accesibilidad a los recursos y a la innata inteligencia y curiosidad del ser humano, ha dado lugar a una combinación fascinante, que hoy se refleja en los famosos videos DIY (Do It Yourself = Hágalo Usted Mismo) que abundan en las redes. Además de llamativos, estos videos suelen ser interesantes, especialmente como punto de partida empírico para emprender proyectos caseros o para que los más pequeños se acerquen, mediante experiencias sencillas, al mundo de la física, la química y las ciencias naturales.
Todo suena muy bien cuando el objetivo es hacer un proyecto paisajístico con neumáticos reciclados, restaurar un mueble viejo o construir un horno de barro con nuestras propias manos. Sin embargo, la situación cambia drásticamente cuando se trata de obras que implican una responsabilidad sobre los bienes (tangibles o intangibles) de otras personas, como el dinero, la seguridad, la salud o incluso la vida. Por eso, en la sociedad actual cobra especial relevancia el conocimiento profesional aplicado, que habilita legalmente a una persona a asumir distintos grados de responsabilidad, en función de su formación académica.
En el ámbito de la construcción, cada decisión cuenta. En sociedades de avanzada, la ingeniería se considera una inversión inteligente, que impacta directamente en la economía local, la seguridad y el éxito del proyecto. A través de un diseño eficiente, responsable y con uso racional de materiales, se logran obras más seguras, con menores costos en materiales, mano de obra y tiempos de ejecución. En el caso de obras existentes, la experiencia y el conocimiento técnico permiten resolver problemas que podrían derivar en sobrecostos, trabajos repetidos o incluso siniestros, como resultado del método de prueba y error, la falta de seguimiento o la improvisación.

En todos los casos, el ahorro se logra también mediante la selección y control de proveedores y contratistas, lo que permite acceder a precios competitivos y trabajos de mayor calidad. Además, es posible gestionar presupuestos comparativos y optimizar las compras.
Por otra parte, una obra con planos visados, certificaciones técnicas y documentación completa es más valiosa, y abre las puertas al mercado inmobiliario formal. El respaldo profesional no solo mejora el resultado, también lo acredita ante bancos y futuros compradores.
Diversos estudios señalan que, en la mayoría de las obras, los errores, demoras y vicios constructivos que surgen por la falta de asesoramiento profesional oportuno pueden representar sobrecostos entre 15% y un 30% del costo total. Como contraparte, un diseño eficiente puede reducir la inversión inicial hasta en un 10%, mientras que una correcta dirección técnica puede disminuir los costos de obra hasta en un 20%.
No hay duda que tener un hobby en casa es algo magnífico: distraerse y replicar buenas ideas que circulan por internet puede iniciar un proceso lúdico, participativo y enriquecedor. Si algo falla, se puede volver a intentar, aprendiendo y mejorando. Pero cuando se trata de una inversión (sea cual sea su escala) o cuando vamos a comenzar una obra, un proyecto o una reforma, lo fundamental es contar con un ingeniero de consulta permanente para tomar siempre una decisión muy bien fundamentada. Como bien dice el dicho: el mejor ahorro es hacerlo bien desde el principio.
Opinión del Ingeniero Civil Marcelo Helou - MP 876-CI - www.hems-tech.com