Opinión

Venezuela: peligrosidad, vulnerabilidad y riesgo sísmico

Opinión del Ingeniero Civil Marcelo Helou (MP 876-CI)

terremotos en Venezuela
terremotos en Venezuela redes

Venezuela se encuentra en una de las regiones con mayor actividad sísmica del Caribe. Su ubicación sobre el límite entre la placa del Caribe y la placa Sudamericana, que se desplazan entre sí a una velocidad cercana a los 20 milímetros por año, convierte a gran parte del país en un territorio donde los terremotos forman parte de su dinámica geológica natural, según la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (FUNVISIS).

A diferencia de nuestra zona andina, donde predominan los grandes terremotos originados por la subducción de la placa de Nazca bajo la placa Sudamericana, la sismicidad venezolana está asociada principalmente a grandes fallas de desplazamiento lateral. Entre las más importantes se encuentran las fallas de Boconó, San Sebastián y El Pilar, responsables de algunos de los terremotos más significativos registrados en la historia del país. De ahí, qué el norte de Venezuela presenta una actividad sísmica permanente.

Esquema simplificado de las fallas - Fuente: https://www.bbc.com/mundo/articles/cpv3d2ynz7xo
Esquema simplificado de las fallas - Fuente: https://www.bbc.com/mundo/articles/cpv3d2ynz7xo

UN PAÍS CON CULTURA SÍSMICA

La historia venezolana demuestra que los terremotos han acompañado el desarrollo del país desde la época colonial. El terremoto de Caracas de 1812, con una magnitud estimada entre 7,6 y 7,8, constituye uno de los mayores desastres naturales de su historia. El sismo destruyó gran parte de Caracas, La Guaira, Mérida, Barquisimeto y otras ciudades, provocando decenas de miles de víctimas.

Décadas más tarde ocurrieron otros eventos relevantes, como el terremoto de Cumaná de 1929, el terremoto de Caracas de 1967 (Mw 6,5), que impulsó importantes modificaciones en los reglamentos venezolanos de diseño estructural, y el terremoto de Cariaco de 1997 (Mw 6,9), uno de los mejor instrumentados del país.

Cada uno de estos acontecimientos dejó una enorme cantidad de información geológica, geotécnica y estructural. Gracias a ella fue posible mejorar los mapas de riesgo sísmico, actualizar los reglamentos de construcción y comprender con mayor precisión cómo responden las edificaciones frente a un terremoto. En este sentido, cada gran sismo constituye también una oportunidad para aprender y perfeccionar la ingeniería.

PELIGROSIDAD, VULNERABILIDAD Y RIESGO SISMICO 

Uno de los errores más frecuentes consiste en considerar que un terremoto, per se, constituye una catástrofe. En realidad, desde el punto de vista de la ingeniería y la gestión del riesgo, un desastre ocurre cuando coinciden tres factores: la existencia de una amenaza natural, la presencia de elementos expuestos y una elevada vulnerabilidad de dichos elementos.

La peligrosidad sísmica es la probabilidad de que una región geográfica específica experimente sismos que superen un nivel de intensidad determinado durante un período de tiempo establecido y surge del análisis de la sismología histórica, fallas geológicas y registros de aceleración del suelo. 

Por su parte, la vulnerabilidad sísmica expresa la susceptibilidad de una estructura a sufrir daños cuando ocurre ese movimiento. Depende de múltiples factores, entre ellos el diseño estructural, la calidad de los materiales, la configuración arquitectónica, la edad de la construcción, el mantenimiento, las modificaciones realizadas durante su vida útil y, especialmente, el cumplimiento de las normas técnicas durante su ejecución. 

Finalmente, el riesgo sísmico surge de la combinación entre el peligro existente y la vulnerabilidad de las construcciones expuestas. Aquí es donde separamos catástrofes de tragedia pues el riesgo sísmico se eleva drásticamente por las construcciones informales, materiales deficientes o edificaciones levantadas sin control técnico.  Hormigones de baja resistencia, armaduras insuficientes o mal diseñadas, modificaciones estructurales sin cálculo, ampliaciones irregulares, deficiencias constructivas y falta de supervisión técnica aparecen reiteradamente en las investigaciones posteriores a terremotos ocurridos en Turquía, Haití, México, Nepal y otros países.

FUNVISIS estima que cerca del 80% de la población venezolana vive en zonas de riesgo sísmico, lo que ha quedado documentado luego de este evento. Por su parte, según el Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS), estimaciones preliminares que consideran la intensidad del sismo, la población expuesta y la vulnerabilidad de las construcciones. han advertido una alta probabilidad de víctimas y daños generalizados, con potencial necesidad de una respuesta de emergencia a gran escala.

Estimacion de afectación a personas (Escala de Intensidad Mercalli Modificada)
Fuente: https://earthquake.usgs.gov/earthquakes/eventpage/us6000t7zp/p
Estimacion de afectación a personas (Escala de Intensidad Mercalli Modificada) Fuente: https://earthquake.usgs.gov/earthquakes/eventpage/us6000t7zp/p

EL CONOCIMIENTO SALVA VIDAS

En un escenario global donde la (des)información circula con enorme velocidad y convive interpretaciones simplificadas y debates que con frecuencia desplazan el análisis técnico hacia el terreno político o ideológico, resulta indispensable comprender con rigor los procesos naturales y científicos que subyacen a cada desastre. Antes de extraer conclusiones apresuradas, es necesario conocer la evidencia, los datos de campo y el comportamiento real de las estructuras y del territorio.

Mientras atestiguamos como Venezuela enfrenta las consecuencias devastadoras de los sismos y continúan las tareas de asistencia, evaluación de daños y reconstrucción, resulta ineludible recordar que un fenómeno natural se transforma en desastre cuando encuentra construcciones vulnerables, infraestructura insuficiente o un territorio cuya ocupación no ha considerado adecuadamente los riesgos existentes.

La experiencia y conocimientos recopilados durante el tiempo muestran que son la herramienta más eficaz para proteger a la población para comprender el entorno que habitamos, respetar los procesos naturales que lo gobiernan, invertir en investigación científica, recopilar permanentemente datos de campo y traducir ese conocimiento en reglamentos técnicos cada vez más precisos. Del mismo modo, resulta imprescindible que esos reglamentos se apliquen rigurosamente durante el diseño, la construcción, el mantenimiento y la rehabilitación de las obras.

Solo así será posible convivir con un territorio naturalmente sísmico y evitar que un fenómeno excepcional derive en una catástrofe de consecuencias humanas, sociales y económicas devastadoras.

Fuentes:

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